“Patria del miedo”

Agosto 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Acudo a las palabras sabias de monseñor Héctor Epalza, obispo de Buenaventura, que corroboran lo que dije en este espacio hace tres años: al fin alguien con autoridad y ajeno a la corrupción que reina, en la más importante salida de Colombia al Pacífico, se atrevió a repetir la verdad. En el momento en que publiqué la columna SOS Buenaventura fui insultado por un patán de mediopelo que creyó tapar el sol con sus horrores ortográficos y con la ignorancia de quien se hunde en el barro. Ahora, Monseñor también tuvo que irse rápido a Bogotá para guardar su vida, amenazada por los perros del narcotráfico y la muerte que están a la orden en la ciudad. Porque allí no se ha hecho nada para calmar la situación social de desempleo que desemboca en el sicariato por el dinero fácil del narcotráfico. Yo no sé que debe pasar para que el gobierno entienda que estamos hablando del municipio más importante sobre el mar del futuro. Ni sé que piensan los electores de esta costa rica y hermosa de Colombia para insistir una y otra vez en alcaldes corruptos que terminan ante la Justicia sin haber dejado tan sólo un proyecto de solución para esa pandemia social que sigue cobrando centenares de vidas de jóvenes desprotegidos de cualquier beneficio del Estado.¿Dónde está el Ministerio de Educación que ofrezca salones de clase, canchas de deporte y posibilidades de proyección a esos muchachos? ¿Por qué se desperdician ejemplos como el maestro Raúl Cuero, que llegó a la Nasa y recomienda la creatividad antes que la lástima para la recuperación social y profesional de estos desplazados sociales que por ahora sólo tienen como opciones el narcotráfico y la aventura de polizones?¿Dónde está el Ministerio del Transporte para asumir de una vez por todas los errores anteriores y la cadena de despropósitos de su antecesor, el inefable Andrés Uriel, que jamás dio soluciones al transporte de esa vía al mar que tanto dinero ha pedido para bolsillos de los contratistas, pero que nunca ha servido para entrada y salida normal de cientos de camiones que la recorren a diario llevando el comercio nacional e internacional?Y ni qué hablar del Ministerio de Minas o el de Ambiente, que viven en el limbo para enfrentar los desastres ecológicos irreparables como el de Zaragoza, y prevenir los que vienen, con los mismos actores mafiosos, en Anchicayá y alrededores. ¿Quién va a poner freno a tanto abuso de pescadores japoneses, ecuatorianos y coreanos que se llevan nuestro pescado y de paso acaban con el mar? Por ellos, en Buenaventura sólo quedan ocho mil de los ochenta mil pescadores que había hace diez años. Y lo que es peor, ya no pescan para ellos y sus familias porque es mejor y más barato comprar el pescado que llega de Argentina y Vietnam.Todos lo que pasa ahora fue denunciado hace tres años. Y nada. Ésto es de poner voluntad política para dar soluciones, porque la Policía y la Justicia tampoco dan frutos en el Puerto. Algo muy grave pasa cuando monseñor Epalza dice: “La situación de Bueneventura todos la saben, es muy grave , pero les da miedo decirla. La indolencia y la indiferencia están reinando”.

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