Ni ojo en carta…

Junio 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

…ni mano en plata.Así decían nuestros abuelos para inculcarnos el respeto por las letras ajenas y la delicadeza con el dinero que no era nuestro. Parece que esto no se usa ya. Que lo diga el Papa Benedicto XVI afectado por la traición.Su muy leal ayudante de cámara, Paolo Gabrielle, de la más absoluta confianza de quien fue guardián de la fe antes del pontificado, pasó de paloma a cuervo al entregar la correspondencia privada de Su Santidad al mejor postor. De allí salió el libro de Gianluigi Nuzzi, ‘Sua Santita’, título robado de otra garganta profunda del Vaticano que titularon así Bernstein y Politi en el que es quizá el mejor análisis político del papado de Karol Wojtywa.Nuzzi acude a la “fuente de maría”, de donde sacó todo lo que publica sobre patrañas, odios y rencores internos de esta iglesia que pierde cada vez más el respeto del mundo. En Europa se ha caricaturizado tanto el suceso, que una viñeta pintaba al Papa Ratzinger lanzando al aire desde la ventana de su apartamento un pájaro al que decía “sursum corva”, la invocación de la misa que invita a elevar los corazones a Dios, y que en este caso se transforma en uno de los cuervos que han metido sus picos en su escritorio y que lo tienen “adolorido y triste”.La clave del asunto es el arzobispo Carlo María Vigano, quien en enero denunció al Pontífice muchas situaciones de corrupción dentro del Vaticano. La respuesta del Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, fue su traslado como Nuncio a Washington, alejándolo del destape que ya ocurrió.Este caso contiene cartas delicadísimas sobre pedofilia en la Iglesia e indagaciones delicadísimas que estaban en el escritorio personal del Papa junto con otros asuntos que sólo él está autorizado para resolver por ser del “íntimo interno” de la iglesia.Dicen los doctores canónicos que Gabrielle podría apelar para que sea juzgado por Benedicto XVI, implorando el perdón de su jefe terrenal y espiritual. No olvidar que el hoy acusado confesaba sus pecados con el sucesor de San Pedro, y era el primero en verlo cada día y el último en despedirlo cada noche.En Europa se habla de delitos como violación de correspondencia privada de un jefe de Estado y abuso de confianza. Y de peligros como una carta que habla de balances de la fundación ‘Joseph Ratzinger’. Toda esta correspondencia debería estar en el apartamento del Papa porque no se había archivado en la Secretaría de Estado.Ahora vamos con lo de la plata. El escándalo toca al instituto para obras religiosas, IOR, el mismo que en el pontificado de Paulo VI llevó al suicidio de Roberto Calvi en Londres y produjo el turbio final de Michelle Sindona, cómplices de Monseñor Marcinkus, que acabó recluido entre los muros vaticanos.Ésta vez, el cardenal Bertone, que parece tener un poder infinito en el manejo vaticano, le quitó la confianza a otro grande que desde hace tres años era el presidente del IOR, y que había enfrentando casos realmente indignantes de supuestos lavados de la mafia italiana a través de la banca vaticana.Se llama Ettore Gotti Tedeschi, banquero de 67 años que aplicó la llamada ley antireciclaje, al conocer que Antonino Bonaccorsi, hermano del capo Vincenzo Bonacrossi, lavó 300 mil euros depositándolos en la cuenta de su hijo sacerdote. Reaparecen así las sospechas sobre la actuación de prelados vaticanos en cuentas oscuras.Bankitalia anuncia por lo menos diez investigaciones que están en marcha, y dicen que hay hasta una monja en los reportes.En fin, todo está revuelto en el apartamento del representante de Jesucristo en la tierra. El que tiene las llaves del cielo pero parece que olvidó las de su casa en manos de su asistente de cámara, Paolo Gabrielle, el cuervo grande que según algunos es sólo un chivo expiatorio de lo que de verdad sucede dentro del Vaticano. Y no falta quien agregue que si el mayordomo papal hizo esto fue para conmover al mundo sobre la necesidad de reformas en una iglesia que no lo escuchó cuando habló a su superior. Mientras tanto Benedicto, que no ha tenido la mejor de las suertes en su pontificado, envejecido y agotado, debe estar pensando: “Cría cuervos y te sacaran los ojos”. Y no precisamente por Paolo Gabrielle, porque faltan más y más grandes.

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