Mi árbol de Navidad

Mi árbol de Navidad

Diciembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Antenoche no vi en el árbol la carcajada de Colombia cuando llegaba la época del “arbolito de navidad que siempre florece los veinticuatro”. Estaba ahogada, hundida, pero con ganas de volver.No encontré la sonrisa de satisfacción de Johan Steven Martínez porque los “duros de las Farc” tampoco le permitieron conocer a su padre este año. Ya empieza la adolescencia del muchacho que lleva 13 años con Libio José secuestrado por este grupo de indolentes que poco sabe del dolor de los demás. Ahora esperamos los cinco que prometieron devolver, y a todos los otros.En cambio vi la cara bella de Doña Emperatriz de Guevara. Con ese rostro dulce y digno. Con ese sufrimiento que nunca exterioriza pero expresa solidaridad con las víctimas y perdón para los que mataron su hijo Julián Ernesto. Ellos se lo enviaron en un cajón que recibió con los mayores honores, las lágrimas de madre en el aeropuerto de Villavicencio.Me extrañó el vacío en las ramas marchitas de ‘Villa Gabriela’, porque todo era turbio. Por allá, en el fondo, creí ver a doña Natividad que me hablaba del camposanto y del lodo que dejó la montaña en Bello, Antioquia, y los trece memoriales que presentó sobre el desastre que iba a pasar y pasó.El roto más grande en ese árbol de la navidad nacional lo vi en las Corporaciones Autónomas Regionales. Allí sólo habían ramas quemadas, palos rotos, agua, desolación y muerte. Me parece que los últimos que llegaron a esas entidades se llevaron lo poco que quedaba. Sólo quedaba un papel mojado, firmado por una señora Jazmín. Decía: “no hemos podido ni siquiera hacer un diagnóstico de las obras que se deben realizar en el jarillón del Cauca”. La frase flotaba entre casas, colchones, gallinas ahogadas, vidas humanas sin futuro por lo que ni ella ni sus antecesores hicieron.En ese árbol navideño nacional vi también algo que se llamaba ELN. Gritaba, pero no se le oía. Quería hablar de paz. Era como un ejemplar viejo de la fauna que estaba en las garras de otro animal antiguo que bramaba: las Farc.Entonces me dio tristeza y di vuelta al árbol. Y en la nieve bonita y limpia vi a Shakira, triunfadora y solidaria. A Juanes, querido, parce, sincero y siempre al lado de los suyos. Me asustó una avalancha de ramas que sonó al otro lado. Entre rojos, blancos y verdes de la navidad había un nombre que decía Assange. Y caían chismes como arena, diciendo que muchos países se habían arrodillado ante un imperio. Y que muchos de esos chismes de soberanía, deslealtad, cinismo y bellaquería, eran contados en reuniones que todos creíamos serias y honestas.En la última mirada al árbol navideño vi a una mujer hermosa y ejecutiva que quería cambiar nuestra imagen ante el mundo: María Ángela Holguín. Apoyada por el Presidente y por sus compatriotas, trabajaba para que el año entrante todos entendieran que antes que las balas está el diálogo y la actitud digna para poder soñar con una noche de paz.

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