Manicomio Nacional

Manicomio Nacional

Agosto 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

En este Macondo nuestro suceden cosas que superan la realidad. Como decía García Márquez, pasamos al realismo mágico cada vez con mejor cosecha. Casi siempre se nos sale el corazón con las medallas olímpicas de nuestros próceres de la independencia deportiva y terminamos sus triunfos entre tufos de licor y expresiones guturales como “Ay, qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano”, frase difícil de repetir correctamente después del tercer aguardiente de caña. La frase termina siempre con el madrazo que refuerza la expresión de verraquera patria.Acto seguido viene el arranque de la camiseta tricolor y el puño en el pecho para significar que no le tememos a nadie ni a nada. Que somos colombianos de ‘raca mandaca’, y que el triunfo que acaban de conseguir nuestros atletas lo puede lograr cualquiera de los presentes en la cantina porque “¡pa eso somos colombiches duros, a prueba de todo!”. Y termina con el comentario profundo del que más grita en la mesa, quien analiza el recorrido adverso con final feliz de nuestro campeón que a esta hora ya está descansando: luego de ordeñar la caneca y ya pelaos del bolsillo, viene al pentagrama etílico ese gran filósofo de la calle, don Darío Gómez y entonamos: “naadie es eterno en el mundooo”.Quién no recuerda este acto colombianísimo desde las medallas mundiales del gran “Cochise” Rodríguez hasta las trepadas espeluznantes de “Lucho” Herrera en Francia y su triunfo en España. Entonces el poeta Rubén Darío Arcila dijo: “ahora la conquista es nuestra en esta tierra de conquistadores ¡Lucho campeóoooon!”.Y qué tal la celebración de aquel 5 – 0 ante Argentina en Buenos Aires, cuando “la ratica”, masajista de la selección saltó a la cancha y luego del abrazo al profesor Maturana le gritó: “¡Nos jodimos Pacho, ahora nos toca ser campeones del mundo, Carajo!”.Hace cuatro años, mientras la mamá del súper campeón de natación americano, Michel Phelps, declaraba que su hijo desayunaba con ocho huevos, aquí la madre de nuestro pesista que acababa de conquistar la presea de plata comentaba: “en esta casa en cambio hay un solo huevo para ocho hijos”. Y ahora en Londres 2012 he visto lo siguiente: gana Rigoberto Urán la medalla de plata en ruta. Una medalla que nadie esperaba de este muchacho vendedor de chance en Urrao. Pero los comentaristas de bar están bravos porque no ganó la de oro. “Eso pa qué – dicen. Se distrajo y le ganó el mono kasako”. Así es Colombia.Nuestro minero de Zaragoza, Óscar Figueroa, vino de Antioquia desplazado por la violencia: se sacó el clavo ganando medalla de plata con las pesas que le aportó Cartago para ir a Londres. Por su parte, “la negra de oro de Jamundí”, Yury Alvear, hace vibrar a toda la nación con su remontada inolvidable en la prueba de judo para ganar el bronce. Luego averiguamos que para pagar su preparación y estar en los olímpicos tuvo que vender empanadas y cholados en los bazares que organizó su mamá con los vecinos.Esta es Colombia. Este es el manicomio nacional. Todo se lo dieron al fútbol y salieron eliminadas con cero goles a favor. Los que brillaron tuvieron que ir vendiendo empanadas, cholados y chance. Urabá, una de las regiones más deprimidas del país, aportó 14 deportistas a la delegación olímpica.¿Qué tal que los gobiernos y los políticos en se preocuparan alguna vez por promover el deporte?

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