“Macondo está en la calle”

Noviembre 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Esto lo dijo el Nobel García Márquez explicando el nacimiento de ese sitio, capital del realismo mágico. Y agregó: “Yo lo que hice fue contar lo que está en la calle”. Tenía razón. No pasan muchas horas en este país para que llegue una noticia que parece irreal pero sucede en Colombia.No vamos lejos. Situémonos en la Convención ‘furibista’ del pasado fin de semana donde salió enardecido un pastor protestante, Jaime Fonseca Triviño, que más parecía un furioso pastor alemán. Allí escupió esta enseñanza: “Dios nos enseñó en Uganda cómo lograr la paz: oración de cristianos y plomo ventiao”. Dios te perdone, reverendo, ese mensaje de paz.Al final, sucedió como en los cónclaves papales: “Quien entra Papa sigue siendo cardenal”. Pacho Santos, el escogido hasta la puerta, fue superado por arte de magia con un 56% del menos señalado por las encuestas, Óscar Iván Zuluaga. Hay que reconocer que había en la tarima magos de la política, con corbatín y chistera.El pasado 12 de octubre, fiesta de la raza, un compatriota paisa, mecánico para más señas, con 5 grados de orgullo alcohólico en su sangre, decidió festejar en las calles en un vehículo insólito: una tanqueta militar de las que usa el Esmad contra los manifestantes bestiales. La tanqueta estaba en el taller para reparación y este borrachito se animó a probarla. Solo que en el intento se llevó por delante a un colega de Telemedellín que terminó peor que si hubiera cubierto una manifestación estudiantil.Esto no es todo. El martes pasado nos visitó, afortunadamente por muy corto tiempo el super-star Justin Bieber. Vino a cantar sus éxitos pero entre grito y charla resultó doblando sus canciones. Quedó en evidencia por el apagón durante el concierto, a pesar de que algunas de sus incondicionales habían pagado casi dos millones de pesos por boletas VIP. Pero él quería dejarnos un recuerdo indeleble. Alguien le contó que en la Calle 26 se podía pintar grafitis. Ni corto ni perezoso aprovechó la madrugada para dejarnos algunas muestras de su arte callejero, horribles por cierto. Todo esto escoltado y protegido por agentes de la Policía Nacional, compañeros de aquel que en acción contraria disparó su arma contra el joven grafitero bogotano, Diego Felipe Becerra, y lo mató. De esto hay solo versiones contradictorias que cada vez enredan más las cosas, a pesar de que el crimen sucedió en agosto de 2011.Y está el episodio del honorable concejal de Chía, Carlos Enrique Martínez, quien en acto candoroso resolvió llevarse por delante todos los controles de la Escuela de Policía José María Córdoba para protegerse de la persecución de agentes de la institución que quisieron averiguar por su estado. Se les metió a la casa–cuartel, y sólo seis horas después permitió la prueba de alcoholemia.Y para completar, el miércoles en Roma, en la Plaza de San Pedro y en audiencia general, un paisanito de cinco años decidió descansar en la silla pontificia del papa Francisco. Lo hizo ante la mirada atónita de los miembros de seguridad y rabiosa de los obispos de la Curia que quisieron convencerlo con chocolates para que retrocediera. Al final, el Obispo de Roma fue el único que logró aquietarlo con su simpatía y hasta lo despidió besando su pectoral. Papa colombiano, menos mal, por un momentico.Por eso Gabo dijo: “Macondo está en la calle. Yo no hice sino contarlo”.

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