Libertad y verdad

Agosto 29, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Una vez más, las Farc quisieron acudir al juego de la diplomacia internacional que han manipulado muy bien a favor de su tiempo y de sus acciones terroristas. Lanzaron el globo de intervenir ante Unasur para plantear su “irreductible voluntad para buscar una salida política al conflicto”. Pero esta vez la puerta se les cerró en sus propias narices, castigando duro su altanería.Esta vez acudieron al viejo sistema de engaño ante los organismos regionales creyendo que los iban a recibir con tapete rojo y un grito de “paso de vencedores”. Pues no; a esta hora ya nadie cree en sus jugarretas, y desde Fidel Castro, pasando por Chávez, Lula y Cristina Fernández sólo han recibido respuestas negativas a su intención , y la inmediata invitación a la liberación de todos los secuestrados civiles y militares que tienen en Colombia, sin condiciones. Además, les exigieron la promesa de suprimir esta práctica arcaica y cruel en nuestro territorio.Se envejecieron los grupos guerrilleros y paramilitares de Colombia. La guerrilla más vieja del mundo nunca cambió el cassette de la historia y hoy sólo puede mostrar desgracias humanas con sus acciones bien lejanas de la pretendida toma del poder por las armas. Lo único que consiguieron en la población que intentaban conquistar fueron el odio y el miedo con que los miran hoy, después de haber destruido sus familias.En mi programa ‘La noche de la libertad’ RCN, sólo se oyen lamentos, quejas y lágrimas de las madres que claman por sus hijos que cumplen diez, once y hasta doce años de secuestro en la selva colombiana. Claro, esto lo sabe el mundo real, lo comenta y lo condena. Y aún así, estos sordo-ciegos de la realidad insisten en su crueldad. Insisten en no informar a estas sufridas compatriotas sobre el destino final de sus hijos manteniéndolas en la total incertidumbre, el estado más lamentable del ser humano porque no conoce la realidad que sólo ellos saben. Pues ya nadie, léase bien, nadie, volverá a creer ni en las liberaciones a cuentagotas, ni en las famosas pruebas de vida que como alguno de los padres afectados definió alguna vez, “sólo son pruebas de muerte porque cada vez los vemos más viejos y acabados”. Doña Ruth Amelia, la mamá de Arbey Delgado, rescatado en la operación ‘Camaleón’ se los dijo bien claro: “Yo no quiero más pruebas de vida; quiero a mi hijo en persona, carajo. ¿No entienden?”.De los restos del ELN , ni hablar. Después de perder tres oportunidades en La Habana y en Caracas, regresó a la persecución de campesinos y honestos hombres de trabajo como los que secuestró en Tadó, Chocó, hace pocos días. No han entendido que cada vez están más condenados por la sociedad y perseguidos por el Ejército Nacional, amén de los cientos de bajas que han padecido en sus enfrentamientos con las Farc.Y faltan los paramilitares. Insisten en mentirle al mundo entregando el mínimo de las tierras que les robaron a los campesinos, y en presentarse con nombres de pájaros para asustar a la gente a sabiendas de que esa misma gente, sin temor, ya narró sus masacres que inundaron de cadáveres las montañas de Colombia y que los jueces del mundo harán justicia si no la hacen los temerosos de aquí. Ahora las Farc, con el portazo que recibieron demuestran que los secuestrados son ellos. Y lo peor: encadenados al árbol del narcotráfico. La jugarreta terminó, y al menos a nivel diplomático, la primera exigencia para un nuevo diálogo se basa en dos palabras: libertad y verdad.

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