La sombra del pasado

Marzo 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Aquí en Plaza de San Pedro todavía hay fantasmas del pasado. Nadie ha querido quitar el escudo que preside las obras de restauración de las columnatas, y aún se ve el de Juan Pablo II con el ‘Totus Tuus’ que marca uno de los pontificados más largos de la historia.Ahora, buses de turistas que pasean a los visitantes por los lugares santos están pintados con una foto grande de Ratzinger que dice: “Gracias Benedicto XVI. Roma te agradece y te recuerda siempre”. Como para que nadie ni el nuevo Papa Francisco olvide a su maestro y sus líneas de conducta.Hablé con Valerio Gigante, uno de los investigadores más profundos de la Curia que ha descubierto muchos entuertos en la conducta eclesiástica o en el manejo de la Banca Vaticana. Me dijo que Bergoglio nunca se podrá quitar de encima estas sombras. “Siempre será hijo de la teología y la pastoral de Ratzinger y esclavo del populismo y el ansia de multitudes de Wojtyla”, porque son sus fuentes que lo han llevado hasta el solio de Pedro que se niega a aceptar, del automóvil Mercedes al que no quiere subir. Y de las zapatillas rojas de cuero de canguro que rechaza, prefiriendo los zapatos de cuero argentino que le regalaron sus amigos para que no viniera al Conclave de Roma con los que calzaba, rotos de andar las calles de su Buenos Aires querido.Ya veremos el Angelus de hoy. Las expectativas son muchas y las respuestas deben ser contundentes porque, además de haber caído muy bien, su nombre pontificio marca una gran responsabilidad porque ‘el poveretto’ de Asís logró renovar esa iglesia en crisis que vivió en sus tiempos. No solo es llamarse Francisco sino parecerse a él en cuerpo y alma, en estos tiempos de tentaciones, de intrigas y de traiciones que parecen rodear el corazón del poder católico. Hay cuervos viejos y nuevos que acechan estos muros milenarios, listos a enfrentar al renovador.Se supo que Francisco fue elegido por más de 100 votos. Y que a Scola, el italiano de Milán, y a Scherer de Brasil les fallaron sus cálculos por su cercanía a Tarcision Bertone, el secretario de Estado y camarlengo que parece ser el más castigado. Nadie entiende por qué el fiel arzobispo alemán Don Georg, que debía estar con su jefe Ratzinger, sigue al pie del papa Francisco en sus ceremonias.Todo comenzará a verse con los nombramientos. En especial el de la Secretaría de Estado, que mostrará la proyección internacional en la que es experto Bergoglio por sus actuaciones en el Celam y en los Sínodos que coordinó y presidió.Ya fue invitado a Colombia por el cardenal Rubén Salazar. Ojalá acepte pasar de visita por el país antes o después de aterrizar en Brasil. Otro detalle que les cuento es que la mayoría de manifestantes en Plaza San Pedro el día de su elección eran jóvenes entre 18 y 25 años, los que más esperan comprensión y cambio en la Iglesia con las posibilidades de dejarla al sentirse defraudados.Vi en Francisco trazos de la bondad de Juan XXIII; la profundidad de cambio de Paulo VI; la dulzura y simpatía de Juan Pablo I; la fortaleza, carácter y proyección de masas de Juan Pablo II, y los miedos teológicos de Benedicto XVI. Hasta ahora me parece que lo que ha hecho son pequeñas actitudes populistas que le han salido bien. Ahora, no sólo deberá llamarse Francisco, sino hacerlo tan humildemente como Él lo hizo. Y espantar con la luz de la verdad y la decisión las sombras que van a aparecer cada vez más fuertes.

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