La ley del monte

Octubre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Confieso que he vivido dos momentos de escalofrío con igual número de jefes de las Farc en medio de los intentos de paz. El primero fue en una entrevista con ‘Alfonso Cano’ en el Caguán, cuando le pregunté extra micrófono por qué evadió contestar durante toda la charla al aire si era necesaria tanta sangre inocente en Colombia para unos objetivos que no tienen futuro. Me invitó a un tinto que él mismo preparó en la casa que las Farc ocupaban en la plaza principal y respondió: “Es lo último que le voy a contestar hoy, ¡esos son los muertos necesarios de esta puta guerra!”.El otro fue el pasado miércoles, cuando le oí a ‘Pablo Catatumbo’ decir sobre el secuestro que él llama retención política, del concejal de Palmira Oswaldo Díaz: “Daremos satisfacción a muchas personas que han sido víctimas de esta guerra. Respeto el dolor de esta familia. Me gustaría darles una explicación, y soy solidario con su dolor”. De inmediato deduje que lo mataron.Minutos después lo confirmó nuestro compañero Diego Bonilla en Cuba. Sin grabación permitida, ‘Pablo Catatumbo’ le reconoció que lo habían matado en cautiverio miembros del frente ‘Alonso Cortés’ porque se quiso fugar con una guerrillera con quien había establecido una relación seis meses antes.Para saber esto, sus familiares tuvieron que aguardar 12 años sin una sola noticia de su destino. Y en la fila de espera están miles de familiares que exigen, con derecho, la verdad sobre los que murieron o mataron las Farc, el ELN y las Bacrim, y ahora quieren borrar en la fosa común de la montaña del olvido.No sé cuánto irá a durar este relato de víctimas de unos y otros. Pero ahora que ‘Catatumbo’ abrió una ventana de verdad, suena más fuerte ese grito de libertad para que se pueda cerrar el ciclo de tantos años de incertidumbre, lo más dañino para secuestrados y familiares.Hace unos días, ‘Andrés París’, uno de los negociadores de las Farc, acusó en La Habana el recibo de un mensaje de Luz Marina, hermana del subteniente Carlos Alberto Cendales. Le contestó: “Daremos una respuesta puntual y expresamos nuestro espíritu de reconciliación permanente”. Nunca dijo nada sobre la vida del militar.Y ahora que se habla de suspensión de labores de la mesa mientras pasan las elecciones de 2014 me pregunto si habrá luego memoria y reconocimiento para este tema que, la verdad sea dicha, molesta a muchos en Colombia, pero es crucial para la vida futura de padres, hermanos e hijos que quieren saber al menos qué pasó con su ser querido y dónde lo pueden ir a recoger para darle cristiana sepultura.No quiero ser ave agorera, pero ahora que oigo esto no me da mucho optimismo aquella afirmación en La Habana de ‘Marcos Calarcá’: “No tenemos ningún secuestrado en nuestros frentes. Y el día de las víctimas trataremos de ayudar a buscar la verdad de lo que pasó”, me dijo al comenzar los diálogos hace un año.Ojalá, la verdad esperada de los demás no vaya a ser igual a la que contó ‘Catatumbo’ sobre Oswaldo Díaz, quien murió once años después de ser asesinado por las Farc aplicando ‘la ley del monte’.Simplemente, quedan la esperanza y la resistencia que siempre les repito a los dolientes en mi programa ‘La noche de la libertad’ de RCN: ¡Seguimos soñando hasta el despertar!

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