Inseguridad democrática

Inseguridad democrática

Diciembre 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

“Ama la verdad, pero perdona el error”. Voltaire.No por aplicar lo anterior dejan de ser vergüenza nacional lo ocurrido con el general de la Policía Mauricio Santoyo en una Corte de Estados Unidos, ni la marihuana -última generación- que apareció en poder de soldados con título de profesionales que bajaban de las montañas del norte del Cauca.Por partes: qué vergüenza que un general de nuestra Policía sea llevado a los tribunales gringos con acusaciones por narcotráfico en asocio con las autodefensas, delito que gracias a las argucias de su abogado, Óscar Rodríguez, logró deslizar hacia la figura de “proveer de información” a esas bandas terroristas que en sus ascensos policiales había jurado combatir por la seguridad de los colombianos, especialmente del presidente Uribe, que era a quien cuidaba y al cual le organizaba todos sus esquemas para apartarlo de los bandidos y narcotraficantes. Los mismos que al final resultaron sus socios de información.Con tibias declaraciones reaccionaron los jefes de la Policía Nacional al conocerse la decisión de los jueces gringos. No hubo ninguna dureza en ellas aunque en los titulares de prensa la información está calificada como “la vergüenza de la mejor Policía del mundo contra el narcotráfico”, que es como se ha denominado a este cuerpo de ‘seguridad’ colombiano.En mi charla con el abogado Rodríguez, que se la sacó baratísima a Santoyo, le pregunté si el General había acusado a otros compañeros de andanzas. Respondió: “Eso es lo que está haciendo y por eso se logró esta condena que puede mejorar. El vino a eso, no a pasear en Disney World”. Por lo que de inmediato le pregunté si había otros nombres señalados: “Entiendo que sí. Hay algunos nombres importantes que tendrán que venir aquí, a las Cortes de EE.UU. a ratificar o no lo que contó Santoyo”.El será deportado al terminar su condena, que al final sería de cinco o seis años gozando de su familia y sin preocuparse de la multa impuesta por la ley estadounidense a este ejemplo de la ‘Inseguridad Democrática’, contrario a la que nos vendieron en el pasado inmediato.Y el episodio de la marihuana traída por los ‘soldados profesionales’ enviados a la montaña de la Cordillera Central a combatir precisamente “eso que ellos hicieron”, preocupa mucho sobre la base moral que llevan estos combatientes para actuar así. Y como no se puede generalizar en ningunos de estos casos, uno se pregunta simplemente: ¿Es la primera vez que ocurre este delito en esos batallones profesionales? ¿Cómo y dónde compraron la marihuana ‘Cripy’, la más cara del mundo, si allá en el monte vale cada kilo millón y medio de pesos? ¿Cómo la subieron al avión de la FAC que los transportó, y por qué nadie se dio cuenta de los 25 kilos empacados?, y finalmente, ¿a quién tenían listo para distribuirla aquí en la ciudad o para mandarla fuera?En ‘Puente quemado’ y ‘El Congo’, arriba de Toribío donde ellos estaban destinados, no se da esta planta por el frío. Allá en la montaña todos dudan aún más de esa seguridad que nunca llegó, y los que fueron compañeros de estos delincuentes vestidos de soldados se sienten mal porque “mientras nosotros, los rasos, luchamos contra el terrorismo dejando brazos, piernas y vidas en los combates, ellos parecen juntarse con el enemigo sin ninguna moral”. Así que Colombia espera conocer pronto a los culpables, y también, según el abogado de Santoyo, saber quiénes más informaban a los terroristas de las AUC desde el Palacio de Nariño en los tiempos de la ‘inseguridad democrática’.

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