¡Hasta pronto, Helena!

¡Hasta pronto, Helena!

Febrero 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

A los que no la conocieron les cuento que se perdieron de la caja de música -literalmente- más delicada y sincera que he conocido. Era la sonrisa suave que resolvía todo problema que uno llevara en el momento de su encuentro. Era la carcajada sincera que rompía el aire de la fiesta para dejarse venir luego con un suspiro profundo que le daba sello a sus canciones.Esa fue la Helena que yo conocí. La vi por última vez en su casa, para celebrar el disco ‘Entre amigos’ que el negro Restrepo y compañía se inventaron y en el que ella reclamó su participación. Esa tarde con ‘papi blue’, ‘el mono’ Velasco , ‘Raulete’, el suscrito y otros, la llevamos al estudio. Y con esa casta que tenía se arrancó con la huella de su gran amiga, Graciela Arango, con quien debe estar componiendo más canciones, mamándole gallo al cielo y burlándose de San Pedro en su propias barbas con el humor bello y rápido que las caracterizó.‘Mi huella’ que interpretó esa tarde quedó en el corazón de todos. El sentimiento que expresó nos sacó la lágrima mientras ella nos terminó de abrir el corazón con la ‘Golondrina de un solo verano’. Yo no pude más y me fui donde Salvatore en ‘Macarroni’. Allí me tranqué una botella de vino rosado para regar el alma encendida por esas letras con esa voz y por esa mujer.Esa tarde sentí que nuestra Helena se quería despedir. Y lo comprobé al otro día. Me contó su vida artística, y hasta hubo tiempo para rememorar la noche de su cumpleaños cuando, respondiendo a la petición de un deseo que le propuso su amiga María Eugenia de Lloreda, contestó: “Que mi Diosito me regale mi hígado que estoy esperando para el transplante”. Dicho y hecho , a las cinco de la mañana le avisaron que un muchacho de 23 años se lo había regalado. De inmediato se puso la piyama nueva,“me peiné porque estaba como sobrao de tigre y me fui con la monja -su hermana bella- p’a la clínica”. Yo le dije: ibas como para el escenario. Y me contesta: “Casi me pongo la pestaña postiza, pero me dio miedo que se perdiera”. Y agrega: “Yo sabía que mi Dios no me podía fallar. Él me lo estaba guardando esperando que me volviera más juiciosa, pero se cansó y me lo mandó de cumpleaños”. La carcajada abierta, elegante y con ganas le dio el sello a la frase.Le dije que estaba delgada. Me contestó: “Sí, es que me estaba acabando de querer tanto a mis amigos”, y otra vez la risa eterna.Me repitió la golondrina a capella, y claro, otra vez mi lágrima. Me habló de sus planes, emocionada como estaba adelantó que iba a grabar tangos de Lepera - Gardel, de Magaldi y de Irusta. Nostálgicamente comenté: “Helena, tan lindo el tango, arrabalero y popular”. Y ella: “ Es el alma de mi gente. Por eso quiero grabarlos”.No pude más y la abracé: “Adiós Helena, ‘Ronca’ Divina”. Y ella con los ojos aguados me despidió: “Adiós negrito, te adoro, y no me volvás a decir adiós sino hasta luego”.

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