Entre risas y lágrimas

Entre risas y lágrimas

Agosto 12, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

La racha siguió, la medallería fue creciendo. Como en manos de grandes orfebres el oro se abrió paso y nos puso en la grada más alta del pódium con la sonrisa bella, descomplicada, juvenil y amplia de Mariana Pajón.Luego, Carlos Mario Oquendo se trepó orgulloso para recibir el bronce en la misma disciplina. Y al final por segunda vez, luego de María Isabel Urrutia en Sidney, una mujer hizo sonar nuestro himno nacional, el sexto más feo del mundo según los británicos, en Londres 2012. Orgullosos debieron sentirse también don Rafael Núñez con la interpretación de la campeona colombiana , y don Orestes Síndici con sus notas en el aire olímpico.Habíamos atravesado la semana en medio de medallas que dejan un sello inesperado. Al menos así se expresaban los entendidos de estos deportistas, compatriotas que ya piensan en Brasil 2016. Ojalá los dirigentes y los empresarios miren con beneplácito esta actuación, comenzando por el Valle –Figueroa, Alvear, Rentería– , entiendan de una vez por todas que es con el deporte y con la juventud como se construye una patria nueva y en paz. Ahora ellos bajaron del pódium y volverán a sus trabajos, a sus esfuerzos, a su preparación para las olimpiadas dentro de cuatro años. No es dando más bala como vamos a terminar con la guerra. Es apoyando esos talentos y otros que andan por allí, mendigando ayuda de las ligas y los poderosos, como haremos un país mejor, lejos de la droga, del vicio y de la muerte.Me gustaría que esos saludos presidenciales y esas emociones nacionales expresadas en directo se traduzcan en apoyo real para que los campeones de ahora y los que están escondidos, vivan mejor y se preparen como debe ser para seguir sumando triunfos: Es el deporte que entre otras cosas nos da la cara amable, real, sencilla de nuestra gente, como esa bella niña Mariana Pajón que nos regaló de la manera sencilla el triunfo de oro el viernes pasado. Y espontáneamente nos mostró las medias de dos colores que “siempre me dan la suerte”. Hasta aquí, risas y lágrimas de alegría.Con el corazón partido le digo adiós al maestro, Jairo Varela. Que todo el mundo te cante chocoano de oro, “Niche” con color de bronce que supiste interpretar, de manera sencilla y sin aspavientos a toda esta tierra. Hoy te lloramos desde el Chocó hasta las Candelillas del mar nariñense en el Pacífico y toda esta Colombia. Te estoy oyendo desde el Atrato hasta el puente Cauca, maestro querido. Con ese “Cali Pachanguero” que se convirtió en himno de La Sultana, y porqué no, himno nacional popular que sale de todas las gargantas de nuestros compatriotas, en todas las fiestas de todo el mundo.Con esa sencillez de los grandes nos gozamos momentos grandes. Recuerdo la entrevista con Alexis en los estudios de RCN, siempre más cercano de lo que murmuraban los que querían verlos lejanos: “Alexis y yo éramos uno solo, que luego fue un hermano y finalmente se convirtió en un primo hermano con el que caminamos la vida con la música”, dijo Varela. Y lo que dijiste del grupo: “Niche es una tribuna. Una tribuna de mis pueblos donde se expresan todos los sentimientos de mi gente”. Y esas lágrimas cuando “ya vamos llegando, nos vamos acercando, y no puedo evitar que mis ojos se agüen.” Solo se me ocurre copiarme un titular para tu despedida: “De la sucursal al cielo”. ¡Nos vemos , maestro!

VER COMENTARIOS
Columnistas