El miedo al desarme

Enero 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Iniciamos este 2012 con una discusión angelical sobre la necesidad de desarmar los habitantes de Bogotá previa revisión de responsabilidad a los portadores de salvoconductos de tenencia y porte de armas.Los sabios de la Nación han salido a tapar la salida del toro con argumentos que avergüenzan a este país que pide acabar la violencia callejera; que no haya más balas perdidas, término irresponsable que la autoridad volvió común en Colombia para describir asesinatos de niños y señoras que jugaban con sus amigos en la calle o hacían sus oficios en la cocina de su humilde casa cuando les llegó la visita de una bala asesina disparada por un borracho que estaba celebrando. O que simplemente destapó su inconsciente sicario y resolvió pegarle un susto  al aire sin medir las consecuencias.Doctores de la ley: Colombia exige que no haya armas regulares o irregulares en manos de estos sujetos, asesinos en potencia con y sin salvoconductos, para que los problemas conyugales, familiares, económicos, estudiantiles, deportivos, políticos no se “arreglen a bala” como lo gritan los violentos.Ministros y Generales: este país que reclama por ejemplo, que en Santander de Quilichao no haya más tiros y bombas papa en manos de jóvenes de la tierra y forasteros que ante la ineficacia de la Policía y el miedo de todos los alcaldes se embriagan de alcohol y de droga paseando sus motos ruidosas y amenazando a los habitantes de los dos parques de la localidad.Este país que en ese mismo pueblo muestra a su entrada el llamado parque de la vida donde se transan todos ‘los torcidos’ de droga, de secuestro, de sexo y de muerte que las Farc, los paras y la delincuencia común resuelven en antros donde la Fuerza Pública ni siquiera mira por físico miedo.Todo esto nace de las armas que se convirtieron en la espada justiciera de muchos colombianos. El problema no es si son autorizadas o no. El problema es cómo y para qué se usan. Recordemos que aquí hay armas ilegales en manos de los congresistas. Son las que tuvo que reclamar el propio vicepresidente de la corporación, Simón Gaviria, para que las devolvieran honradamente.Esas tenían salvoconducto. Pero sus portadores las llevaban de manera ilegal. El alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero, ya aplicó esta norma durante su anterior mandato. Que nos cuente cómo le fue y qué le faltó y entre todos resolvamos: no más balas perdidas porque perdemos a Colombia.Gustavo Petro ya va adelante con su secretario Antonio Navarro. Ya se reunieron con el Comandante de la Brigada XIII. Entre militares y civiles empiezan a encontrar el camino para el desarme que tendría un período de prueba. Y si no sirve se elimina o se rectifica.Decía Russell, filósofo inglés: “El desarme por sí solo, aunque bueno, no asegura la paz”, pero ayuda. Insisto en que las armas son la causa principal de nuestra violencia. Ya probamos por las buenas, y las llamadas espirituales del padre Alirio no sirvieron. Están vivas las armas en la calle y allí hay que enfrentar el problema.Hace unos días hablé con el Nobel de Paz, Óscar Arias, en un foro sobre tráfico de armas en el que nuestra Colombia es campeona. Dijo: “La tenencia de armas no es ejercicio de libertad. No son protección eficaz, sino una amenaza para la vida. Quien cree dormir seguro con un arma ignora que el peligro de esa arma nunca duerme”.

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