El fenómeno de los niños

El fenómeno de los niños

Noviembre 28, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Empiezo con el mea culpa. ¿Por qué tuvo que inundarse el país completo y las imágenes mostrar a los pobres, víctimas de siempre, salvando su colchón, sus ollas y sus niños, y ahora también a los ricos, salvando sus reses y caballos de raza, para que los medios diéramos una verdadera cobertura a un problema que, como casi todos en Colombia, venía avisando a gritos mientras mirábamos para otro lado?Bueno pues aquí está. En la puerta de gobernantes de antes y de ahora que ahogaron los dineros de los contribuyentes está el agua del invierno que arrasó por igual las huertas de los pequeños y los sembrados de los grandes. El corralito de los pobres y las granjas de los ricos. Las carretillas de los zorreros y los deportivos europeos que guardan los garajes con estrato.La naturaleza no perdona, pero avisa. De esto damos fe en estas páginas, en la radio y en la televisión. Allí hay documentos nacidos del propio Macizo Colombiano con advertencias de lo que venía: grandes sequías y agudos inviernos. En ellos pregunté muchas veces qué se estaba haciendo en la CVC, en la CRC, en Nariño y en el Huila. La respuesta fue siempre que no había plata. La burocracia es insaciable. Nunca llena sus arcas. Lo triste es que ni con poco ni con mucho hicieron algo para prevenir y aquí están los resultados. Invito a los reporteros jóvenes a quitarse la corbata y a ponerse las botas para hablar con la gente, con los protagonistas del dolor, del amor y de las pocas alegrías que les llegan. Hablemos con los que son y no con politiqueros que siguen inflando sus barrigas legendarias en la oficina, llenos de teorías inservibles, mientras la naturaleza muestra sus dientes afilados porque se cansó de avisar que las cosas están mal hechas, que hemos logrado envenenar el agua, lo más preciado para el ser humano.Y que gracias a la ineptitud de estos tiburones estamos en el Siglo XXI todavía en la era de amontonar bultos de tierra y de cemento para atajar lo inatajable. El río indomable que no encontró otra opción que recuperar los cauces naturales que le habíamos robado.¿Donde está la autoridad que regule a los que mandan a los areneros del Cauca y del Magdalena al trabajo sucio para luego pagarles cualquier moneda mientras el daño queda hecho? Hace por lo menos 20 años oigo hablar en Bogotá de la tragedia que provocaría el río de su mismo nombre el día que desbordara su caudal de aguas malolientes. Y llegó el día y vino la tragedia y esta vez invadió finos hatos de la Sabana y tampoco perdonó las humildes casa de Soacha y de Bosa. Los fangos mortales de Ciudad Bolívar están esperando mientras me pregunto dónde está la CAR.Dicen que cuando el barco se hunde las ratas son las primeras en abandonarlo. Pues el suelo colombiano está sumergido, sus habitantes con el agua al cuello y las corporaciones regionales no aparecen para responder. Y al Gobierno Nacional se le acabó la plata. ¿Dónde están los dineros destinados para defendernos de natura? El verdadero fenómeno que vivimos es el de los niños burócratas del ambiente.P.D. Hoy estaremos Todos por el Valle. No queremos burócratas inútiles. Queremos empresarios solidarios. Reporteros amigos de la gente. Artistas humanitarios. Deportistas ejemplares . Médicos sin fronteras. Ciudadanos de bien. Gracias de antemano por colaborar.

VER COMENTARIOS
Columnistas