El abandono de Tumaco

Febrero 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

En esta columna hemos alertado sobre la violencia que azota la Costa Pacífica. Se les ha dicho a las autoridades que existen vendettas entre las Farc y bandas criminales que pelean las rutas de la cocaína, especialmente con una que se llama ‘la empresa’. Pusimos en conocimiento la desidia de la Policía y de la Fuerza Naval en la protección ciudadana y rural. Pintamos el mapa de muerte que se extiende por Panamá y Viento Libre, barrios que cierran sus puertas a las cinco de la tarde. Pero todo ha sido vano y las autoridades se enojan por los reclamos de la gente que se siente aislada y desprotegida.A finales del pasado año, mientras el presidente Santos firmaba acuerdos con Corea, China y Japón, cinco mil personas vestidas de blanco marcharon por las calles de Tumaco protestando por los asesinatos que allí padecen. Nadie les hizo caso. Aquella vez, el presidente Santos se puso bravo porque el exgobernador Navarro reclamó proyectos sociales para el pueblo. Le recordó su pasado guerrillero y regresó a Bogotá después de hablar a puerta cerrada con policías y militares.Las autoridades y la mayoría de los medios indolentes ante lo que ocurre en Tumaco les voltearon la espalda a los compatriotas que siguen colgando en el parque de la memoria las fotos de sus difuntos asesinados impunemente, poniéndoles veladoras recordatorias. Hasta que estuve allá sumaban 286, al frente de la iglesia, cuya pastoral social es la única que acompaña a las viudas y a los huérfanos que deja el tsunami de dolor que cubre su ciudad.Parece que Tumaco no fuera Colombia. Allí llegaron los raspachines y se tomaron Llorente, el pueblo que surtía de oro a los joyeros del país y hoy es pasto de narcos, farcos y paracos. Allá van los políticos por votos pero olvidan las promesas. José Luis Ardila, sacerdote español, contó que “es tanta la rabia que un muchacho de 16 años, le gritaba a un soldado el día del atentado: denme la pistola y el camuflado que yo sí los enfrento”. Y mientras se producía el atentado, un niño murió y ocho más quedaron mal heridos en Llorente al explotar la granada con que jugaban fútbol. Y más Fuerza Pública que sale después de los atentados a preguntar qué pasó. En Tumaco van 11 atentados de todas las marcas en lo corrido de 2012, en la narices de la policía y de la fuerza naval. De frente y sin ahorro de posibilidades y la capacidad de respuesta, ninguna. Como dijo un comerciante al pie de sus negocios destruidos: “Estamos jodidos, desprotegidos y enverracados”.Y ahora Villarrica, Miranda y Pradera, afortunadamente con heridos leves. Y se salvaron del carro bomba en Corinto. El de Villarrica duraron media hora cuadrándolo al frente de la Policía. Llevaba los cilindros listos en el platón tapados con ramas de caña; le alcanzaron a avisar al comandante de guardia; pero no entendió las señas desesperadas y recibió el impacto. Este pueblo caucano está a quince minutos de Cali y los terroristas del sexto frente de las Farc entraron al centro como Pedro por su casa.Algo está pasando en la Fuerza Pública y su inteligencia. En Miranda, el taxibomba estuvo toda la noche en el lugar de la explosión, afortunadamente lejos del centro.Esa es la situación. Alguna vez llamaron a Tumaco “la perla del Pacífico”. Hoy no para de contar sus muertos en medio del desorden, el desempleo del 80%, el desamparo y la indignación de sus habitantes.

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