Dolientes y quejosos

Agosto 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Siempre que se habla de paz aparecen los quejosos, que son diferentes a los dolientes. Siempre es el mismo. Es la herida cotidiana que desde el día en que la muerte asesina de esta violencia fratricida nos quitó lo que queríamos, se retuerce con el recuerdo, con la añoranza y sobre todo con la impunidad y la impotencia.Cuando el proceso empieza a tomar forma y la chismografía filtra los protagonistas y las nuevas intenciones, se lanzan como avispas los quejosos. Los que dicen que ellos lo hicieron antes y para qué más intentos si el suyo fracasó. Los que recuerdan el desarme de grupos paramilitares que hoy hacen más daño que cuando se desmovilizaron. En fin, como dice el diccionario de la RAE: los llorones , afligidos , afectados y desconsolados que no aceptan que haya un intento que parta de los tropiezos anteriores y se atreva a caminar los senderos de la paz.Porque en cualquier guerra y en cualquier gobierno debe existir un espacio para hablar de paz. Pero, ¡no señores! La consigna es que hay que joder el nuevo intento porque nosotros no pudimos. Todos los que cantaron el bolero de la paz, terminaron coreando “de lo que pudo haber sido y no fue”. Por eso, que ésta tampoco sea la oportunidad.Nadie dijo nada cuando nos pusimos a la orden de la entrega de medio país a las Farc. Cuando el presidente Pastrana y sus Comisionados resolvieron regalarles El Caguán a estos antisociales que hicieron lo que les dio la gana cuando sacaron al Batallón Cazadores para que todo “quedara limpio en manos de “Tirofijo y compañía”. “Marulanda” les regaló la foto para la elección, y a cambio, dejaron tirada esa población en manos de bárbaros que siguen asesinando a sus pobladores y guardando secuestrados en esa selva.Ahora , los trinos quejumbrosos reclaman el final de los paras en Colombia. Cuál final, si es ahora cuando estamos descubriendo el engaño de estas desmovilizaciones falsas; de estos bloques de reinsertados que nos estafaron; de un comisionado de paz que anda prófugo.A veces parece que el expresidente Álvaro Uribe no quisiera aceptar que hay otro en su lugar, y que él tuvo ocho años para intentar lo suyo y terminó con todos los cuestionamientos y acusaciones que crecen con las declaraciones de los testigos aquí y en los Estados Unidos.El presidente actual es Juan Manuel Santos. El está probando su método de paz con Enrique Santos Calderón, periodista serio y toreado en la guerra y en la búsqueda de la paz; Sergio Jaramillo, exvicemistro de defensa y quien busca puntos de encuentro, y exmilitares que creen en la paz después de haber hecho la guerra, contrarios a los que creen que nunca puede haber paz como no sea matándonos.Ellos están en Cuba, estudiando posibilidades en medio de la guerra que sigue candente. Cuando se posesionó, el presidente Santos dijo: “No quiero ser el otro fracaso de la paz. Quiero ser el presidente de la paz”. Lo está intentando, y si lo logra, bien para todos. La paz llega en medio de las balas, y de los muertos de uno y otro lado, precisamente para que se acabe todo esto. Dejemos a Santos intentar una vez más a pesar de los aullidos de los lobos de la guerra que al final solo son despechados de la paz.

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