Diferencia en el diferendo

Diciembre 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Hace algo más de un año los comentarios diplomáticos de Colombia llenaban las bocas triunfalistas de quienes estaban comisionados y pagados por el Estado para defendernos de ese pequeño país centroamericano que se había atrevido a denunciarnos formalmente ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya: Nicaragua.En ese mismo tiempo hablaban de fallo favorable porque el derecho internacional nos daba la razón. Veíamos entonces a Daniel Ortega, otrora comandante sandinista que había entrado triunfal a Managua derrotando al último de la dinastía sanguinaria de los Somoza sacando de lista de gobierno la gente que de verdad hizo la revolución como Edén Pastora, como un rezago lamentable de las izquierdas latinoamericanas, próximo a salir por ineptitud de la casa presidencial de Managua. No había la menor posibilidad de que Colombia perdiera en La Haya sus derechos amparados por arcaicos y no muy claros laudos y tratados, máxime si ya los jueces nos habían dado la primera prueba de razón con la soberanía sobre el archipiélago. Pero faltaban las aguas, lo más rico en especies y en alimento diario para los pescadores artesanales que, sin mucho esfuerzo, nos proveían de langostas, caracoles y pargos de primera que hoy están en las redes de los nicas.Y esa fue la palabra que no tuvo en cuenta la Corte: archipiélago, el conjunto de islas y cayos indivisibles que conforman en todos los sentidos la vida de un pueblo. Entonces despedazaron el archipiélago y con él la vida de los raizales o nativos de esa parte del mundo.Resulta que ellos, los nicas, hábilmente conducidos por el petróleo que la zona parece brindar a borbotones, y con la guía de internacionalistas propios y asesores externos, fueron esculpiendo paso a paso nuestra derrota. Y la lograron.Vino el chorro de agua fría y no nos hemos podido recuperar del golpe. Mientras corremos para un lado y gritamos en medio del mar que no aceptamos el fallo “porque es inaplicable”, Managua nos clava otra demanda exigiendo límites de plataforma continental, que en caso de darse nos pondría al resucitado Ortega a tres metros de la costa de Cartagena. Este hombre que marchaba camino al abismo es ahora ‘el coco’ de Colombia y otros vecinos centroamericanos, y envalentonado como está, aspira a morir en el poder como los sanguinarios que derrotó.La Canciller dice que Nicaragua es un mal vecino expansionista, que quiere pasar por encima de todo el Caribe. Y lo último: que Nicaragua va a la Corte con la segunda demanda, “solamente por ir a la Corte, y no más”.Dicen que Ortega fue desleal al no aceptar reunirse con Santos para hablar del tema, y la gente se pregunta: ¿Quién es el demandado y el que tiene afán ante las peticiones de los nativos sobre su futuro?Es la diferencia del diferendo. Mientras allá están sobre el tema y han logrado que hasta los más enemigos de Ortega lo apoyen, aquí nos damos ánimo entre perdedores en lugar de buscar el sitio común para tratar de lograr un acuerdo conjunto que nos permita vivir en paz a las partes, aunque es tarde y difícil.Y ese acuerdo se logra entre el alto gobierno. ¿Qué nos va a contar que no sepamos nuestra Embajadora llamada a consultas? Y el tiempo corre y a ellos les conviene. No creo que los ancianos magistrados vayan a dar un reversazo a su fallo como última historia.

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