“Diez años no es nada...”

“Diez años no es nada...”

Mayo 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Y por lo que vi en Bojayá, veinte tampoco. Pasaron por encima de la recuperación de esta zona chocoano-antioqueña diez años desde la masacre que perpetraron las Farc y los paramilitares con un saldo de 119 víctimas. Ahora, sus habitantes están peor que en aquellas épocas.Para empezar, las casas que les dieron en el nuevo pueblo situado en un recodo del río Atrato donde afortunadamente no llegan sus crecientes, son simples cajones que han tenido que ir poblando con muebles, pisos y retoques pagados con los auxilios que les dieron para otros quehaceres como la agricultura.Otros, la verdad sea dicha, se bebieron y se gozaron en los prostíbulos los auxilios gubernamentales y quedaron en la física calle. Pero como decía el héroe de la tierra, el padre Antún Ramos, “es increíble que estando delante del Atrato con semejante caudal tengamos el agua a cuentagotas y la luz sólo cuatro horas al día. Aquí hubo sólo un carnaval de chalecos”, refiriéndose a miles de prendas de colores que llegaron allí después de la tragedia, cada uno con un escudo distinto, pero que no hicieron exactamente nada por la recuperación de la gente.La atención psicosocial fue sólo al principio. Hoy hay mucha gente afectada con cicatrices en cuerpo y alma. Niños sobrevivientes que se despiertan asustados junto a sus mayores, “escuchando el pipetazo en sus oídos y oyendo voces de lamento que fueron las que esa noche se llevó la muerte en la iglesia donde se amontonaron para salvarse y terminaron despedazados como el Cristo de la parroquia”.El hospital, que se prometió de tercer nivel para la región, no llega ni a enfermería de tercera. No tiene nada para cumplir su misión. Ni medicinas, y mucho menos dotación quirúrgica y camas para los enfermos que llegan desde la selva.La ‘pista’ del aeropuerto es un potrero pedregoso con una gran colección de huecos llenos de aguabarro con el invierno que azota a Colombia. Uno de los capitanes me dijo: “Aquí venimos sólo por hacer patria porque en estas condiciones no aterriza nadie. Cada dos o tres vuelos, el avión debe ir a reparación. Le aseguro que un día, Dios no lo quiera, va a presentarse algo grave aquí”.Esto ocurre en el lado del Chocó. Del lado antioqueño las cosas no van mejor. Vigía del Fuerte, que como lo indica su nombre es el centro de la región, está embargado por una deuda de dos mil doscientos millones de pesos que contrajo el alcalde anterior por los cuales la alcaldesa actual debe pagar cuarenta millones de pesos mensuales de interés.Compran la gasolina y el acpm al triple de precio que en Bogotá, “porque es fiada sin fecha de pago”. Tampoco tienen un banco para consignar sus dineros. El Agrario, que se creó para favorecer al campesino, “salió corriendo después de la masacre y no volvió”. A un comerciante que fue a consignar sus dineros a Medellín hace quince días “lo atracaron, lo robaron y encima le pegaron dos tiros”. Hasta ahora sigue en el hospital.De esto son culpables los gobiernos, incluido el de ahora que ni siquiera se asomó por allá para acompañar en el recuerdo y en la desgracia a estos compatriotas indígenas y afros que también son Colombia, “aunque queden lejos de Bogotá”.

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