De la alegría a la realidad

De la alegría a la realidad

Abril 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

“La completa y total tristeza es tan imposible como la pura y completa alegría”. Leon Tolstoi. (Guerra y Paz)Lástima grande que las alegrías y las risas generalmente terminen en tristezas y lágrimas. Así nos pasó esta semana de noticias sobre liberaciones y reclamos de muertos en el olvido de la selva.Era la ‘Crónica de una muerte anunciada’. No suelo acudir a este título de un libro de nuestro Maestro García Márquez, entre otras cosas porque aquí lo utilizan todos para todo; pero esta vez es inevitable. Así lo he sentido en cada conexión radial con la montaña entre domingo y lunes en mi programa ‘La noche de la Libertad’. Y lo he contado aquí cuando el temor y la nostalgia invadían mi mente y me ponían a pensar en el día señalado para doña Leonor Bonilla y para don Carlos Guaquez. Ese momento en que ellos confirmaran sus dudas, a pesar de sentir que lo intuían, que sus hijos no volverían vivos. Por lo que entendemos, tampoco muertos. Simplemente son dos nombres que marcan las tumbas del olvido en la selva colombiana.Por eso sentí que toda la alegría se iba al suelo cuando el general Óscar Naranjo me dijo después de la misa de agradecimiento por el retorno de los liberados: “Las Farc tienen una deuda con Colombia. Las Farc tienen que decirnos dónde dejaron muertos a mis dos policías, Luis Hernando Peña Bonilla y Robert Hermán Guaquez , porque ellos los asesinaron en la selva”.Me puse en la piel de don Carlos, ese viejo campesino que los lunes se levantaba a la una de la mañana a hacerse su tinto en ese punto de la montaña nariñense que se llama ‘Rosal del Monte’. Y me contaba: “Me pongo mi ruana p’al frío que aquí pega duro, y espero la llamada suya”. Andrea Cardona, la coordinadora amiga de todos, lo llamaba. Y siempre terminaba diciendo: “Donde esté mijo, fuerza para volver. Aquí lo espero”. Y sólo el lunes pasado les dijo a las Farc: “Por qué no me lo nombran en sus listas. Díganme con franqueza qué hicieron con él. Qué le paso a mi muchacho?”. Y remataba su hermanito Carlos: “Recuerde hermanito, ¡secuestrado pero nunca olvidado!”. Y recuerdo a Doña Leonor Bonilla, la madre de Luis Hernando Peña, quien ha vivido un verdadero calvario de incertidumbre desde la operación ‘Jaque’, cuando alguno de los que regresó dijo: “Yo creo que lo mataron porque él se había vuelto un problema”. Ella nunca faltó a la cita del domingo. Le habló a ‘Marulanda’, les imploró a ‘Cano’ y a ‘Jojoy’, le suplicó a ‘Timochenko’. Ninguno tuvo los cojones de enfrentar la realidad que ellos y nadie más que ellos aplicaron a estos muchachos: la ley del monte. La de asesinarlos amarrados, arrodillados e indefensos. ¡Qué guapos!Sobre las vidas que faltan se irán conociendo más muertes aplicadas por estos cobardes a civiles, policiales y militares. A mí me parece que el mensaje de las Farc es “aquí les mandamos todo lo que tenemos y no hay más”. Son los cambalaches de la vida. Unos celebran la libertad y otra página de vida se abre para ellos. ¡Disfrútenla! Es el derecho de cada persona y en este caso más merecido que el carajo.Y sobre los que faltan, tranquilidad, porque me parece que las noticias no auguran lo mejor. Ojalá me equivoque.

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