Como anillo al dedo

Como anillo al dedo

Marzo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Y nunca mejor resumido el tiempo pontificio que ha vivido, papa Francisco. Tuvo oportunidad de dar a conocer su sencillez, su humildad, sus ganas de cambio paciente y sobre todo su decisión de ayudar a construir “una iglesia pobre para los pobres”.En cada gesto, en cada palabra, acude a la tríada para explicar lo que piensa. Su lenguaje sencillo hace que todos entiendan el mensaje. Después de su primer Angelus en la Plaza de San Pedro encontré a Valentina, una niña argentina. Le pregunté la enseñanza del domingo y me dijo: “Es muy fácil. Dios perdonó a la mujer pecadora que todos condenaban. Él nunca se cansa de perdonarnos; somos nosotros los que nos cansamos de pedir el perdón”. Ella tiene diez años. Y yo pensaba en Colombia; en la guerra fratricida. Valentina entendió el mensaje de inmediato, mientras nosotros llevamos 60 años sin siquiera analizarlo. A los periodistas, el Papa nos predicó: “Están ustedes para comunicar la verdad, la bondad y la belleza. Por eso, su trabajo exige estudio, sensibilidad y experiencia”. Recordaba las ligerezas con las que muchas veces manejamos la opinión o la honra de la gente cuando la llamamos, la juzgamos y la condenamos en una rápida entrevista.Y el llamado que hizo a los potentes en la homilía de su entronización al Ministerio Petrino: “Recordemos que el odio, la envidia y la soberbia ensucian la vida. No dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”.Y a quienes se refería cuando señaló: “Por desgracia hay ‘Herodes’ que en todas las épocas de la historia traman planes de muerte y desfiguran y destruyen el rostro del hombre y la mujer”. Volví a pensar en las desigualdades de mi país cuando los poderosos se niegan a compartir con los débiles. Me pregunté cuándo las familias huérfanas por el secuestro podrán conocer la verdad sobre los que pasó con sus desaparecidos. Fueron mensajes que nos deberían llegar rápido en esta época de maltratos y muertes, sobre todo en mujeres y niños.El papa Francisco está muy pendiente de lo que ocurra en Colombia. Así se lo planteó al cardenal Rubén Salazar durante el desayuno que el purpurado compartió con el Pontífice. Y se lo ratificó a la canciller María Ángela Holguín cuando le expresó su deseo de viajar a nuestro país “en cuanto la agenda lo permita”. Y así se lo dirá al presidente Juan Manuel Santos cuando lo reciba en mayo durante la canonización de la madre Laura Montoya. Está muy interesado en los resultados de los diálogos de La Habana. Me lo dijo en un encuentro callejero: “Perdón, tranquilidad y comprensión. Solo uniendo las tres encontrarán la paz que tanto han buscado”. Aquello de tranquilidad la traduzco como paciencia para buenos resultados.Como anillo del pescador, al dedo de este párroco humilde llegaron los tiempos de expresar sus líneas. Hasta el domingo pasado llegó la prédica y tuvo a los poderosos del mundo y a todos los católicos a su alrededor. Ahora vendrá la soledad del Papado; los cambios, las intrigas y el poder de la temida curia vaticana que tendrá que cambiar y limpiar la maleza y cizaña. Por eso, su amigo Claudio Hummes, el cardenal brasileño y su jefe de debate, saltó de su pupitre en el momento del escrutinio que lo eligió casi por aclamación como Pontífice, y en medio de los aplausos, “me abrazó, me besó y me dijo: ‘No te olvides de los pobres’. De inmediato pensé en Francisco, el de Asís”. El trayecto que le espera está escrito en la oración por la paz. Léanla.

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