Y no se fueron los jesuitas

Y no se fueron los jesuitas

Julio 25, 2016 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

La noticia corrió por varios días. Se comentaba en distintos círculos locales como si fuera el anuncio de una desgracia: Los jesuitas iban a abandonar su iglesia matriz, el Templo del Sagrado Corazón, antiguo Colegio Berchmans. Algunos llegaron a afirmar que altos dignatarios del clero habían inspeccionado la edificación evaluando sus dependencias anexas.El Colegio Berchmans fue fundado en octubre de 1933 en una vieja casona, ubicada en la esquina de la Carrera 4 con Calle 7, justo en frente de la Iglesia de La Merced. Para el primer año lectivo se recibió un selecto grupo de ochenta y cinco jóvenes caleños. Sin embargo, muy pronto, con el crecimiento de las matrículas, se vio la necesidad de contar con áreas adicionales. En 1937 y gracias al legado de don Modesto Cabal Galindo, fue posible adquirir un amplio lote de terreno en el barrio Centenario para la construcción del nuevo colegio. Las obras del templo comenzaron en abril de 1940 y vinieron a concluir tras cuatro años de labores, en octubre de 1944. El proyecto pudo materializarse por el compromiso de los vecinos quienes organizaron festivales y otras actividades para recaudar fondos. También fue fundamental un préstamo extendido por el colegio jesuita de Pasto. La ceremonia de consagración del nuevo lugar de oración estuvo presidida por Monseñor Luis Adriano Díaz, obispo de Cali.Con el paso del tiempo la iglesia se convertiría en centro y referente religioso de los barrios aledaños, así como de los innumerables egresados del Berchmans y sus familias. Las celebraciones litúrgicas impecables, la animación musical de extraordinaria calidad y el anuncio de la Palabra en forma siempre inspiradora, hicieron su aporte para convertir el templo en uno de los más concurridos de la ciudad. Y es que según dicen muchos creyentes católicos los sacerdotes del Berchmans tienen peculiaridades. Sus homilías son cuidadosamente preparadas, incorporan conceptos oportunos y enriquecedores, saben tocar el corazón de los feligreses. Además se nota el propósito de no perderse en los comentarios fuera de contexto, y el cuidado de no agobiar al feligrés con ceremonias interminables. La alarma inicial sobre el cambio de conducción del templo cedió, sin embargo, al conocerse que la comunidad religiosa a cargo no se retirará. Por supuesto que la reflexión que adelantaron sus superiores sobre la permanencia en el lugar no era caprichosa. Estaba determinada por su sentido de responsabilidad, por la necesidad de estar seguros de contar con personal suficiente e idóneo para mantener el templo en el alto lugar de estima que ha alcanzado. La iglesia del antiguo Berchmans contiene elementos de arte que hacen parte de la historia cultural de la ciudad y requieren reparación inmediata. Hablamos de las pinturas murales que decoran el cielo raso y de los mosaicos incrustados sobre el altar mayor. Estas obras de buena factura, fueron ejecutadas a mediados de los años cincuenta por los artistas españoles Ismael Font y Emilio Alba.Salvar para Cali este tesoro debe ser empeño que convoque a los miles de coterráneos que estudiaron con los jesuitas. Ello significa conseguir recursos y articular acciones con el sector oficial vinculado a la cultura. Es un esfuerzo que podría coordinar la Asociación de Antiguos Alumnos –ASIA, y que miles de caleños agradecerían. Sigue en Twitter @antoderoux

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