Visas y TLC con Europa

Mayo 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

La política que aplica Colombia en materia de visados no puede continuar. Esa política se puede resumir así: pedimos visa de visitante a los nacionales de unos pocos países, y toleramos que a nuestros compatriotas se les exijan permisos y visados en casi todas partes. La cuestión en buena medida proviene del gobierno anterior, cuando nos abrimos de manera indiscriminada con el argumento miope de que esa era la manera expedita para atraer ingresos de origen turístico. Como consecuencia de ese desacierto nos llenamos de un turismo indeseable. Son miles los europeos y los norteamericanos que llegan a nuestra tierra buscando drogas y prostitución, mientras los colombianos de bien que son la mayoría, afrontan toda clase de trabas y vejámenes cuando se trata de viajar al exterior. El tratamiento de tercera que recibimos en los aeropuertos del mundo está con frecuencia precedido de momentos peores. Para obtener una pinche visa de turismo, los viajeros locales deben someterse a un viacrucis burocrático en el cual no están ausentes las humillaciones. El trámite es frente a embajadas cuyos funcionarios altaneros espulgan sin consideración finanzas y vida privada de quienes aplican, para terminar decidiendo en forma caprichosa, o sea cuando les da la gana y como les da la gana.La cuestión es particularmente exasperante en relación con algunos países que de dientes para afuera, se declaran deseosos de incrementar los lazos económicos y culturales con el nuestro. En el caso de Francia los visados se distinguen por lo lentos, y no es raro que se aprueben después de la fecha para la cual se compró el tiquete. Alemania es notoria por sus visas efímeras, como si para permanecer en ese país el idioma teutón no fuera una barrera infranqueable. En España se dan el lujo de exigir prueba de las reservas hoteleras.Ahora tenemos en juego algo muy concreto y relacionado con nuestros intereses estratégicos. Se quiere firmar un TLC con la Unión Europea, pero mientras los empresarios de ese origen podrán ingresar cuando quieran para impulsar sus asuntos a una Colombia abierta, nuestros hombres de negocios seguirán sometidos al trámite lento y engorroso de unos visados que, por regla general, sólo sirven para entrar de manera breve y por una sola vez. Se trata a ojos vista de una asimetría inaceptable, capaz de reducir nuestra capacidad competitiva.El presidente Santos lo dijo con claridad meridiana: América Latina es de nuevo la tierra de promisión. Pero ese concepto acertado requiere tener efectos concretos en la manera de relacionarnos con el mundo, máxime cuando ciertas economías europeas parecen derretirse y países como España registran niveles de desempleo similares a los del Chocó.En materia de visados todos los países aplican el principio de reciprocidad: en otras palabras, dan lo que reciben. Esto debería hacerse explícito en el eventual TLC con la Unión Europea. No nos debería interesar el flujo de inversiones y bienes, léase compartir todas nuestras oportunidades, si no se garantiza un flujo razonable de los colombianos hacia el Espacio Común Europeo. Si allá no cambia el sistema de visados, si no se nos franquean las puertas, si no nos van a dejar competir en franca lid como lo hacemos nosotros con ellos ¿Entonces para qué firmar el TLC europeo?

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