Viendo un chispero

Junio 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Una vez conocido el resultado de las elecciones presidenciales celebradas ayer, la región vallecaucana tiene que redefinir su manera de relacionarse con el Estado Central y con los gobiernos de turno.La importancia que tuvo Cali en la primera mitad del Siglo XX, provino de tres circunstancias. En primer lugar su ubicación geoestratégica le daba carácter de nodo, sitio de convergencia privilegiado, en cuestión de comunicaciones. Para mediados de los años 30 estábamos conectados por ferrocarril con Popayán, el antiguo Caldas y Antioquia. La vía férrea también llegaba hasta Buenaventura y nos abría al mundo entero. A lo anterior se sumaban la Carretera Central del Valle que ya ofrecía conexión hacia el Quindío y Bogotá. Esto mientras continuaba la navegación por el río Cauca. Cali llegó a ser entonces, el primer centro logístico multimodal de la República. Otro factor determinante de esa época dorada, fue el espíritu dinámico e innovador de los caleños. Muchísimos de los que hoy llamaríamos megaproyectos, fueron impulsados por grupos de ciudadanos y empresarios. Ellos con sus propios recursos materializaron la navegación fluvial, la primera electrificación, el tranvía a puerto Mallarino, el acueducto de San Antonio, la carretera al mar, e infinidad de otras iniciativas.El tercer factor que nos llevó a ser grandes, fue la existencia de alianzas público privadas. Estas permitieron a los habitantes aportar ideas y soluciones, abriendo eventualmente el camino para la creación de la CVC, entidad protagónica en nuestro desarrollo. Tales alianzas declinaron cuando la politiquería decidió meterle diente a la nómina y a los recursos oficiales.Los años han pasado y nuestro principal activo, la ubicación geoestratégica, está comprometida por nuestra falta de empuje para consolidarla. No estamos siendo capaces de impulsar con determinación y firmeza los proyectos indispensables. ¿Dónde está el compromiso con la carretera Buenaventura-Orinoquia? Esta obra según recordara Alberto Silva, nos convertiría en acceso principal a los Llanos, el Amazonas, el Huila y el Caquetá. ¿Qué hemos hecho por promover la doble calzada a Tulcán, que nos pondría a cinco o seis horas de esa ciudad, acercándonos los beneficios de la economía fronteriza? ¿Por qué no nos hemos puesto de pie para exigir que la nueva vía a Buenaventura y los túneles de la línea estén concluidos en fecha cierta? ¿Cuánto tiempo más vamos a dejar pasar para apoyar la construcción de una acuapista que facilite las comunicaciones entre Buenaventura y Tumaco? Incluso la integración gasífera con Ecuador, que podría mejorar nuestra competitividad, es mirada con desdén.Entre tanto la Costa Atlántica, Santander y Antioquia no se permiten estar quietos. En este último departamento, por ejemplo, consiguieron hacer aprobar un documento Compes que da vida a las Autopistas de la Prosperidad. Se trata de nueve proyectos viales por valor de $25 billones, cifra superior a lo que costó hacer el mundial de futbol en Brasil, y que sufragará la Nación con recursos de vigencias presupuestales futuras.Llegó la hora de recuperar nuestra tradición ciudadana, afinar la capacidad de formular propuestas y plantarnos frente al gobierno nacional. De lo contrario llegaremos tarde, cuando no existan recursos, y quedaremos viendo un chispero.

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