Una obra incierta

Enero 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Las megaobras están llamadas a transformar, a mejorar substancialmente, el perfil urbano de Cali. Su construcción implicará progreso y empleo para muchos ciudadanos. Una vez concluidas deberían aliviar también, nuestras dificultades de movilidad. Sin embargo, el ave negra de los aplazamientos y las demoras, ha comenzado a ensombrecer la actividad de algunos frentes constructivos. Se habla de estudios incompletos, evaluación deficiente de las redes y los suelos, lentitud en la adquisición de predios. Uno de los casos que comienza preocupar es el de la Avenida Colombia, precisamente el emblemático, el llamado a salir perfecto.Hundir aquella vía es imperativo. Necesitamos un eje peatonal, una Calle Florida, que partiendo de la Carrera 10 transcurra por la Calle 12, el Paseo Bolívar y la Plazoleta de la Caleñidad. Lo deseable, incluso, es que esa ruta se proyecte tomando el lote del Sena, que el Municipio está en mora de adquirir, y se conecte con la Avenida 9 Norte en Granada. El planteamiento arquitectónico orientado a materializar tal propósito resultó apropiado, funcional.Algunos detractores argumentaron que el nuevo espacio público podría ser colonizado por vendedores ambulantes, vagos y atracadores, pelafustanes y carteristas. A decir verdad la cuestión es otra. Si no somos capaces de escoger gobernantes con el carácter suficiente para hacer respetar el espacio público y los emprendimientos colectivos, la nuestra no merece el título de ciudad.Pero el hundimiento de la Avenida Colombia, la yugular de Cali, estaría en veremos por no haberse considerado a tiempo el impacto de la obra sobre el Puente Ortiz, el verdadero corazón de la urbe. Ahora estamos a punto de soportar meses de dilación a causa de las investigaciones arqueológicas, la clasificación del material encontrado, las intervenciones para salvar ese remanente de nuestra identidad. Quienes deben cruzar la parte central de la ciudad verán extendido su infierno.Lo del Puente Ortiz estaba cantado por los conocedores de la historia local. Se sabía del riesgo de parálisis porque bajo la Avenida, en su intersección con la Calle 12, yacen los arcos y contrafuertes del puente original. Los ladrillos hechos a mano bajo las indicaciones sabias de Fray José Ignacio Ortiz.Que la obra podía ser detenida por las autoridades de la cultura, debió considerarse desde el principio como una posibilidad real. Para prevenir el inconveniente, los diseños de ingeniería y los presupuestos necesitaban incorporar soluciones alternativas. Quizá excavar y hundir más la vía, o concertar la reubicación de las ruinas. Ahora surgen preguntas inevitables: ¿Cuál era el afán de adjudicar, cuando no se contaba con estudios suficientes del sector? ¿Que designio movió a los contratistas a meterse en una obra tan sensible y tan incierta?Creo en la ingeniería local, y espero los contratistas sepan sortear las dificultades sin trasladarle al Municipio el costo de los aplazamientos. Se requiere aprender de los buenos ejemplos, como el que está dando Sainc, firma elogiada por estos días en Bogotá. Adelantan el puente de la Calle 100 con 15, mientras aplican una buena solución alterna en materia de movilidad. Y pásmese el lector: todo dentro del plazo y del presupuesto, y sin el artilugio de demandar al Estado por cualquier futilidad.

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