Transición hacia la paz

Mayo 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Sergio Jaramillo es el Alto Comisionado para la Paz y uno de los negociadores en las conversaciones de La Habana. También es el funcionario que ha tenido a su cargo concebir la estrategia orientada a la solución política del conflicto. Hace varios días Jaramillo dictó una conferencia en la Universidad Externado de Colombia sobre los desafíos y perspectivas del proceso. Se trata del primer pronunciamiento formulado por las autoridades sobre la materia, e ilustra lo que nos espera en ese trance.Según el Comisionado si hay consenso en Cuba para terminar el enfrentamiento armado, inmediatamente comenzaría la denominada transición. Esta en su concepto representa “el verdadero comienzo del proceso de paz, no el fin”. Agrega que “El fundamento de la transición serán los acuerdos a los que lleguemos en La Habana, en desarrollo de los puntos del Acuerdo General”. Resumiendo, de ser exitosas las conversaciones actuales, el efecto fundamental sería quitar las armas de en medio. A renglón seguido la sociedad colombiana con los partidos políticos, incluyendo a las Farc como un actor más de la escena democrática, tendría que consagrarse a lograr el tránsito exitoso hacia la convivencia.Los alcances de la etapa mencionada, son precisados por Jaramillo cuando dice: “El propósito de la transición es precisamente permitir la transformación y la reconstrucción”. Más adelante señala los elementos de esa transición. El primero es la temporalidad. Al respecto indica que debe haber una meta en el tiempo para materializar lo pactado, y alude a un plazo de diez años. El segundo elemento es la excepcionalidad. Sobre el particular señala que los efectos de 50 años de conflicto solo pueden ser contrarrestados si se echa mano a todo tipo de mecanismos de excepción e instituciones nuevas. Otro elemento en el proceso de transición es la participación. Esta implica abrir espacios en el ámbito regional para que la ciudadanía debata y decida cómo han de implementarse las soluciones. Finalmente aparece el aspecto de la territorialidad, que para Sergio Jaramillo es el principal y aborda así: “El error histórico ha sido pensar que un proceso se trata simplemente de la desmovilización de unos grupos, sin pensar en transformar los territorios, sin pensar en cambiar radicalmente las condiciones en el terreno”. Luego pasa a explicar que la paz no es el canje de fusiles por taxis o panaderías, sino reconstruir el pacto social en las regiones y garantizar que no vuelva la guerra. Estoy convencido de que la solución al conflicto no está en las balas sino en la política. Por eso veo con buenos ojos las conversaciones impulsadas por Santos. Pero quedo lleno de dudas al conocer los planteamientos del Comisionado. Coincido con él en que la paz se construye a base de esfuerzo, no con la firma de un documento. También me parece importante que se reconozca el papel de la población y las regiones. Sin embargo, el país se desintegraría si se lo somete a diez años de normas excepcionales e incertidumbre. Además, no se entiende cómo pueden ser protagonistas del proceso unas comunidades inermes, agobiadas por la ausencia de Estado y las tropelías de los actores armados. A primera vista las Farc, que entrarían a la arena electoral bien financiadas y disciplinadas, llevarán la ventaja.

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