Torpeza en Europa

Agosto 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Más de doscientos cincuenta mil son los emigrantes ilegales que este año han cruzado el Mediterráneo con destino a Europa, y más de dos mil los que han muerto en el intento. Datos confiables indican que en Libia, país sin Dios y sin ley, se concentran cerca de millón y medio de personas listas para lanzarse al Mediterráneo y ganar las costas de Italia o Grecia. Entre los que llegaron al continente miles pujan por acceder a países del norte, y tres o cuatro mil están detenidos Calais con sus ojos puestos en Inglaterra. Los países de la Unión Europea han tratado de coordinar una estrategia para contener la avalancha. Su enfoque es asimétrico. A los del sur, los más golpeados por la recesión, les han dejado la parte mayor del esfuerzo. Los del norte, desde la cómoda posición que da la distancia, miran y critican, su enfoque para la solución es represivo, pareciera que no quieren llegar al meollo del problema. Siendo estas las circunstancias, al primer ministro inglés, David Cameron, se le ocurrió declarar que los inmigrantes ilegales son “una plaga”, y no tendrán refugio en su país. Según se informa, esas palabras vienen acompañadas de medidas draconianas como la de prohibirles el alquiler de viviendas, y la de confiscar sus salarios. Las rudas expresiones del británico no tienen presentación porque la política exterior de Inglaterra y sus aliados está en la base del desastre humanitario que se enfrenta. Los mapas del Medio Oriente y del norte de África fueron establecidos por las potencias occidentales en las primeras décadas del Siglo XX. Al hacerlo, no se pensó en los habitantes, su cultura, sus expectativas. Tan solo hubo consideración para los intereses comerciales y petroleros. Así, en las excolonias se crearon países hechizos, monarquías de pacotilla y tiranos de bolsillo que invocaban prosapias fantasiosas entroncadas con Gengis Kahn, el rey Salomón o los faraones. Su mérito era el de ser obsecuentes servidores de las potencias y aplicar los brutales métodos de represión que dictaban sus servicios secretos. Cuando emergieron los nacionalismos y los regímenes seculares, Occidente se sintió intranquilo e intervino para defender sus “legítimos” intereses. Entre estas intervenciones la más sonada y costosa fue la de George Bush en Irak. Pero no fue la última, porque en años recientes se repitió la historia con Libia. El propósito era eliminar a Muamar Gadafi, un patán de chequera gorda nacido en el desierto. Por eso lo que expresara Cameron lleva a los inmigrantes un mensaje horripilante, que puede resumirse así: “llevé guerra y destrucción a tu patria, me lucré de su riqueza, permití que colapsaran sus instituciones, puse en riesgo tu familia y tu vida. Pero eso sí, no toques a mi puerta porque te considero una plaga, una lacra, eres un ser repudiable”. Sin duda, tras el fenómeno de la migración ilegal hay mafias que deben ser reprimidas. Pero la solución verdadera es construir condiciones de habitabilidad en los países desde los cuales parte la gente. Para lograrlo, Europa debe impulsar procesos de pacificación en los sitios conflictivos del Oriente Medio y África. También tendría que empeñarse en una gran estrategia de desarrollo como lo fuera el Plan Marshall. Si la gente encuentra seguridad y oportunidades en su lugar natal, jamás escogería andar mendigando en un país extranjero.

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