Tiempo de esperanza

Tiempo de esperanza

Marzo 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

La palabra que podría caracterizar la vida y obra de Juan Pablo II es fidelidad. Toda su existencia estuvo ceñida a la tradición y a la doctrina. En esa perspectiva fue coherente hasta el martirio. Aún experimentando limitaciones evidentes continuó su ministerio. Tal actitud quedó resumida en la frase de respuesta a quienes le insinuaban renunciar: “Jesús no se bajó de la cruz”.Benedicto XVI a su turno, podría ser definido por la palabra humildad. Siendo cardenal y prefecto de la poderosa Congregación para la de Doctrina de la Fe, nunca dejó de ser el buen vecino que hacía vida de barrio, llevaba los trajes a la tintorería y tomaba el café ‘espresso’ en el bar de la esquina. Ya siendo papa renuncia a la pompa y a los honores para retornar a la vida de simple prelado.Como pontífice enseñó que la autoridad y la respetabilidad distan de ser gratuitas, son atributos que se deben ganar. El clero y la jerarquía deben ser ejemplares, o sus comportamientos darán lugar a la aplicación de la ley humana. Benedicto en sus escritos también dejó el germen de un gran salto en la vida de la Iglesia. Lo hizo rescatando el lugar que corresponde a la conciencia honesta y bien formada. Esta circunstancia fortalece la idea de una religión que, portadora del mensaje de Cristo, acompaña en el camino a los seres humanos, ilustra y enriquece su discernimiento, no lanza descalificaciones ni anatemas, busca llevar la humanidad a la presencia de Dios y deja a Él, sólo a Él, la tarea de juzgar y castigar.Hay otra consecuencia relacionada con la aceptación de la primacía de la conciencia y es que el concepto de tradición, tan importante en la Iglesia, tendría que asumir un significado dinámico. Dios crea el universo y lo renueva. Lo hace a través de la naturaleza, de los seres humanos y sus conciencias. Por supuesto la Iglesia tiene que estar iluminando esos procesos, pero entendiendo las señales de los tiempos e incorporándolas en lo procedente a su legado. El punto es complejo porque implica la posibilidad de revisar posiciones milenarias sobre las relaciones de pareja, el control de la natalidad, el celibato eclesiástico, el sacerdocio femenino, entre otros aspectos. Este reconocimiento del papel protagónico de la conciencia habla igualmente de humildad, de una Institución consciente de sus desafíos y restricciones. Si bien Benedicto había admirado el valor implícito en el sacrificio de Juan Pablo, no estaba dispuesto a ignorar el inmenso costo inherente a un liderazgo frágil. Tengo para mí que la renuncia estaba en su mente como posibilidad desde que fue electo. Tanto es así que cuando en el 2007 renunció el Superior de los Jesuitas o ‘Papa Negro’ a un cargo llamado a ser vitalicio, Benedicto recibió al nuevo padre general, Adolfo Nicolás, expresando curiosidad por el destino del antecesor renunciante y la forma como enfrentaría sus nuevas ocupaciones.El viento refrescante que sopla en la Iglesia supone una revisión profunda de la Curia Vaticana y sus procederes. Ha trascendido que la Congregación de Cardenales viene analizando abiertamente las problemáticas existentes, estableciendo perfiles y estudiando los mejores candidatos al papado a partir de estos elementos. Es la manera correcta de hacer las cosas y de contribuir a que la esperanza se transforme en realidades.

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