Soluciones insuficientes

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Con la llegada de Jorge Iván Ospina a la Alcaldía tuvimos un...

Soluciones insuficientes

Marzo 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Con la llegada de Jorge Iván Ospina a la Alcaldía tuvimos un cambio favorable, pero ahora la cosa se ha vuelto a dañar. Están aumentando los delitos contra las personas, incluyendo las muertes violentas. Las vías se han transformado en verdaderos eriales. El desplazamiento por la urbe es cada día más difícil mientras algunas calzadas buenas, como sucede en la zona del Ingenio, son picadas y repavimentadas sin razón aparente. Las invasiones pululan sobre el cauce del río Cali, que alimenta la planta de San Antonio, y no hay acciones para desalojar el jarillón del Cauca, de cuya estabilidad pende la vida de miles de caleños. El centro de la ciudad se cae a pedazos. Como lo denunciaran mis colegas de estas páginas un tsunami de orines y excrementos recorre las calles centrales. Las versiones sobre contrataciones inconvenientes inundan los tertuliaderos. Lo siento por el Alcalde, creo en su sincero deseo de acertar, pero no sé si las nubes de incienso aventadas por áulicos y lagartos le dejan percibir las dimensiones del deterioro.El problema de Cali es que no hay estrategias de largo aliento para resolver los problemas. Tenemos acciones puntuales, destellos, que por si solos no pueden producir resultados. Es el caso de los comparendos que ahora se anuncian para castigar a los malcriados. Los guardias cívicos y otros funcionarios aún no definidos, podrían imponer multas que oscilan entre $200.000 y un millón de pesos a quienes incurran en conductas tales como hacer las necesidades fisiológicas en el espacio público o arrojar escombros a las calles.Vamos por partes. Las deyecciones humanas se depositan en las vías, al pie de árboles y fachadas porque la gente no cuenta con una alternativa para evacuar su propia humanidad. El caleño de Aguablanca, de la ladera o de las zonas suburbanas que viaja hasta el Centro con el propósito de adelantar cualquier trámite, esta condenado a ser cuerpo glorioso. No le pueden dar ganas de nada porque no tiene a donde aliviar sus intestinos o su vejiga. Es un problema tan sencillo como trillado. En la antigua Roma lo arreglaron con los mingitorios instalados en las termas. Pero aún así, ya en las afueras de la capital imperial y ante la ausencia de soluciones apropiadas, las heces y las micciones profanaban incluso los lugares sagrados. Tanto que en una tumba de la Vía Apia Antigua se leía esta advertencia: “Quien orine o defeque aquí enfrentará la ira de los dioses”. La cuestión, estimado Alcalde, no es pues de comparendos sino de inodoros. El viandante de estómago afanado estará agradecido de que le suministren el papel, aunque se trate de un amenazante documento oficial, pero no se abstendrá de defecar. Esto es así, y un médico debería saberlo, porque la fisiología manda. Sería mucho más sensato construir veinte o treinta baterías de baños públicos, y que los guardas cívicos tan queridos por la administración y tan necesitados de oficio, se dediquen a la noble tarea de distribuir papel higiénico de verdad. El cuento con la disposición de escombros es parecido. No hay un sistema adecuado de recolección ni sitios de acopio. Al Cauca van a dar buena parte de las demoliciones y los desechos, la piel vieja de la ciudad. Allí también se necesitan soluciones verdaderas, algo que los simples comparendos no pueden dar.

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