Reflexión vallecaucana

Agosto 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El presidente Santos ha tratado al Valle del Cauca con generosidad. Escogió como su fórmula vicepresidencial a un coterráneo sensible en lo social y obsesionado por el servicio honesto. También designó en el gabinete a dos vallecaucanas de perfil excelente. Mariana Garcés, quien estará en el Ministerio de Cultura, tiene una concepción integral del quehacer de ese despacho. Sabe que la Cultura no se limita a las expresiones artísticas sino que, por el contrario, entraña la formación de ciudadanía, convivencia y tejido social. María Fernanda Campo quién tendrá la responsabilidad de la educación es reconocida por su eficiencia, y ha planteado desde ya dos temas cruciales: garantizar la calidad en el proceso educativo y apostarle con todo a la formación técnica y tecnológica. Francisco Lourido al frente de los destinos departamentales es garantía de manejo competente. Le corresponde el reto de analizar a fondo ese esperpento de las vigencias futuras y proceder a su desmonte.Pero hay una realidad y es que la importancia del Valle en el contexto nacional viene decayendo. En los últimos años ha descendido nuestra participación en el Producto Interno; son muchas las multinacionales que han emigrado; la politiquería tiene devastada la vida pública regional; los indicadores sociales dejan que desear. Ahora nos informan que tampoco se permitirá el desarrollo de un puerto como el requerido para el comercio marítimo moderno. A todas estas lo alarmante es la falta de una reflexión colectiva sobre lo que nos está pasando. Nuestras actitudes frente a los acontecimientos fluctúan entre un optimismo obnubilado por la feracidad de nuestras tierras, que nos hace sentir superiores y nos hace mirar con desdén las experiencias exitosas de latitudes diferentes. Al tanto que, en otras oportunidades, sentimos ser víctimas de un estado de cosas injusto, que nos priva de oportunidades, corrompe la política, se lleva nuestros impuestos. No nos hemos percatado de que habiendo partido nosotros de un puesto adelantado en la carrera del desarrollo, muchas otras regiones de la República nos están saliendo adelante. No estamos registrando que desde hace años para el Estado Central y para la dirigencia nacional lo vallecaucano difícilmente merece ser tomado en serio. Frente a las circunstancias referidas nuestra reacción no puede limitarse a los lamentos, a lamernos las heridas. Hay estrategias que conviene intentar, hoy por razones de espacio sólo me referiré a una. Ella consiste en rescatar el Espíritu de Asociatividad, el cual es medida y expresión del Capital Social de una comarca. En este propósito es necesario apoyar el Pacto Regional por la Prosperidad Democrática, iniciativa convergente propuesta por Angelino. También es indispensable avanzar en la conformación de una Agenda Común del Occidente Colombiano, como la que han planteado algunos empresarios y es apoyada por la Unidad de Acción Vallecaucana y Pro Antioquia. Finalmente, es inaplazable impulsar la creación de organizaciones productivas pertenecientes al colectivo empresarial, como lo fueron en su época la Financiera del Valle e Interbanco. Pero lo más importante es reflexionar y debatir con libertad, con soltura, sobre lo que nos acontece y sobre las soluciones posibles.

VER COMENTARIOS
Columnistas