Reflexión mundialista

Julio 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

La Fifa entidad organizadora de la competencia más popular del planeta, debería ser modelo del juego limpio, no solo en el espectáculo que organiza sino también en su gestión interna. Al fin y al cabo los habitantes de cinco continentes siguen con pasión, sueñan y tienen como paradigma a los jugadores, árbitros, entrenadores y directivos vinculados a tal evento.Pero los escándalos que han rodeado a la Federación en los tiempos recientes, dan cuenta de que ella por momentos se aparta de ese ideal. Parece haber olvidado que lo suyo tiene que ver también con ciertos principios esenciales.Para ilustrar esta pérdida de foco conviene recordar los escándalos sobre coimas en la cesión de derechos televisivos, que costaron a Joao Havelange la presidencia honoraria de la organización; la polémica adjudicación a Qatar de la sede del campeonato 2022, la cual habría estado precedida de pagos indebidos a los directivos de varias asociaciones futboleras africanas, y la conmoción causada con la reventa de boletas en Brasil, asunto del que se acusa a un alto ejecutivo de Match Services, contratista privilegiado de Fifa. Lo peor sin embargo, está en las canchas, donde parecieran alinearse los arbitrajes para el logro de determinados objetivos.Esto último se hizo evidente en el partido entre Colombia y Brasil. Fifa sabía que la selección anfitriona no tenía fútbol sino zancadillas, empellones y golpes. Pero había que protegerla, mantener ilusionados a los brasileros y los estadios llenos. De paso, y en un acto de reciprocidad, apuntalar a la presidenta Dilma Rousseff quien aspira a ser reelegida a pesar de la corrupción aposentada en su gobierno, sus estrategias equivocadas y los desmanes de una población insatisfecha.La circunstancia anterior explica que se haya escogido un siniestro árbitro español para dirigir nuestro encuentro. El individuo, quien luego recibiera una insólita felicitación de Fifa, ignoró las reglas y permitió a Brasil montar una trituradora que destrozó el juego elegante y pulcro de los colombianos. Por eso consintieron los trancazos contra James Rodríguez y le mostraron tarjeta amarilla cuando éste, ya desesperado, intentó defenderse; de igual manera evitaron darle la roja a Julio César y a Hulk, cuyas agresiones merecían expulsión fulminante, y se dio por nulo el gol del habilitado capitán Mario Alberto Yepes.Afortunadamente vendrían Alemania y Holanda para poner las cosas en su sitio, dejando claro que el equipo de Brasil era un gigante con pies de barro, el cual avanzó sin méritos en las eliminatorias al amparo de la Fifa y sus árbitros discutibles.Por cosas de la suerte compartí el vuelo en el que venían de Bogotá con sus familias, los jugadores oriundos de la región: Yepes, Mondragón, Zapata, Valdez y Ramos. Cuanta diferencia entre su mirada franca y honesta, su autenticidad, su calidad humana, y el cuestionado estilo de la Fifa. Una organización que se debe depurar si no quiere perder toda su credibilidad.Construir armonía y eliminar la violencia, son tareas que en nuestra sociedad no pueden seguir pendientes. Bueno sería que el Gobierno Nacional, contando con los muchachos del mago José Pekerman y a partir de su ejemplo, lanzara una gran campaña de educación en valores para la convivencia. Quizá así dejaríamos de ser el único país del mundo que celebra poniendo muertos.

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