Presidente: salve la democracia

Abril 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Hace unas semanas el doctor Santos hizo una declaración sobre las posibilidades electorales de las Farc en el posconflicto. Durante un foro en la Universidad de los Andes el mandatario afirmó: “Yo personalmente creo que tienen que modernizarse. Mantiene todavía un esquema muy atrasado, muy mamerto de la política, y por eso no creo que vayan a tener una gran acogida”.El Presidente usaba la expresión ‘mamerto’ con el propósito de dar a entender que las posibilidades de las Farc para llegar al poder tras el armisticio son remotas. Y es que como bien se sabe, en la cultura tradicional el ‘mamerto’ o ‘comuñanga’, representa a aquel personaje de izquierda que sueña con la revolución y la tiene incorporada a su carreta, pero que no va a sacrificar sus comodidades burguesas para materializarla.Respetuosamente me aparto de la opinión presidencial. Es un error menospreciar a las Farc como protagonista principal en el escenario electoral que se avecina. Ese movimiento va a llegar con recursos económicos suficientes para financiar sus campañas; contará con redes de colaboradores y exmilicianos en muchas barrios y municipios. Y por conveniencia o vocación, sus propuestas tendrán fuerte cariz social. Su discurso además, reivindicará como asunto propio la ética pública y de dientes para afuera, aunque no crean en ella, proclamará respeto por la institucionalidad imperante. Ahora bien, los candidatos de las Farc no van a ser ni ‘Timochenko’, ni ‘Márquez’, ni ‘Catatumbo’. Nadie que huela a la sangre de las víctimas. La guerrilla cocinará acuerdos con aspirantes de trayectoria democrática. Su juego será conformar una llave electoral atrayente como sería por ejemplo el binomio de Gustavo Petro para la Presidencia y Piedad Córdoba para la Vicepresidencia. A Estos personajes no se les puede negar su verbo fácil, su carisma, y su capacidad de seducir a tantos compatriotas sumidos en el hambre y la exclusión.Frente a ‘mamertos’ de esta clase estarán los candidatos de los partidos tradicionales, partidos responsables casi sin excepción, de nuestra institucionalidad fallida. Aquella que no ha logrado darnos un sistema eficaz de Justicia; ni una salud digna; ni evitar que se roben la plata de los desayunos escolares, de los proyectos de desarrollo y del cubrimiento escolar. Una institucionalidad que desde hace decenios no ha sido capaz de proteger el territorio nacional de los vecinos codiciosos, ni hacernos más competitivos para que nuestras exportaciones florezcan. Sí, lo anterior es producto de unas instituciones inoperantes, que se quedaron rezagadas, y de la corrupción que a muchas caracteriza. Tómese el caso de la Fiscalía. Su anterior titular dejó la impresión de múltiples abusos de poder y de haber sido condescendiente con sus antiguos clientes de Saludcoop. Pero los titulares de ese despacho tienen garantizada una inmunidad que surge de la Constitución misma. Hay que ser claros. El presidente Santos no creó estas instituciones ineficaces ni esta política corrompida, pero no puede seguir medrando en ellas. Por eso es necesario que él lidere una gran iniciativa en la que participen los ciudadanos y no solo los partidos políticos. Se trata de reestructurar el Estado para hacerlo viable, así como de acabar la corrupción. Es la única manera de que nuestra asediada democracia sobreviva.

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