¿Por qué no se callan?

Mayo 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El debate electoral se ha caracterizado por la falta de respeto hacia los electores. Para los estrategas de las dos campañas punteras, la de Santos-Gaviria y la de Zuluaga-Uribe, los votantes son tan solo tontos de ocasión que merecen atragantarse a punta de porquerías. La calumnia, las ‘hackeadas’, el espionaje, los montajes, la intervención abusiva de autoridades afines, los anuncios oficiales oportunistas, están a la orden del día. Es un todo vale difundido sin descanso por los grandes medios y la gran prensa. A estos poco les importa el país, se mueven guiados por los beneficios del rating, la pauta y la mermelada. En el fondo lo que se persigue por los estrategas de tales campañas, es que el elector no analice, no piense. Como buena parte de las propuestas son repetitivas, ilusorias o mediocres, resulta cómodo acudir a lo emocional, privando al votante del derecho a elegir con base en la solidez de los programas y la fuerza de los planteamientos. El ejercicio electoral es la oportunidad pedagógica más importante que tiene una democracia. Es el momento para reflexionar sobre lo que conviene a los intereses colectivos, redefinir metas, refrendar valores. En Colombia las fuerzas electorales que van adelante son indiferentes frente a esta consideración. Por eso lo que ha de quedar de estas elecciones será una nación confundida, dividida, con referentes en materia de ética pública totalmente pervertidos. Nuestros politiqueros en la resaca electoral ni siquiera se habrán percatado de que a la vuelta de la esquina nos esperan Iván Márquez y Timochenko con sus tropas ya legalizadas, así como un Petro demagógico que excreta chavismo. Todos ellos ávidos de engullirse esta democracia huérfana de electores pensantes y de valores que den sustento a sus instituciones. Los ciudadanos responsables no deben tomar partido en esta guerra que hace tanto mal, su mirada debe ir hacia las alternativas de esperanza. Afortunadamente se encuentran en el debate Enrique Peñalosa y Martha Lucía Ramírez. Nótese que no incluyo en este grupo a Clara López sobre quien tengo dudas. Aún me intrigan sus particulares relaciones con Samuel Moreno, el exalcalde de Bogotá.A Martha Lucía me une el conocimiento directo de su consagración y su rigor. Abrigo también la creencia de que tarde o temprano será la primera mujer que rija nuestra patria. Por su parte a Peñalosa me vinculan las ideas, la visión social y ciudadana, la admiración por su eficacia en la gestión de los asuntos públicos. Tengo también la convicción de que este tendría mejor desempeño en una segunda vuelta dada su posibilidad de atraer apoyos tanto de la derecha como de la izquierda. Contrasta la actitud de Peñalosa y Martha Lucía, ajenos a los improperios, con la de los expresidentes Uribe y Gaviria. Estos se tornaron lenguaraces y vociferantes, en su mirada no está la serenidad del deber cumplido, sino el rayo pernicioso de los egos y las ambiciones personalistas. Los acompaña el deseo de reeditar épocas y odios que creímos superados. Ni siquiera se molestan en considerar el impacto nefasto de su verbo disociador y de su mal ejemplo. A las acusaciones ligeras de Uribe, Gaviria responde exigiendo actitudes que él mismo no practicó cuando la historia se lo exigía. ¿Qué haremos para que se callen estos electoreros dañinos que Colombia no necesita?

VER COMENTARIOS
Columnistas