¿Podremos confiar?

¿Podremos confiar?

Marzo 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El aterrizaje fugaz que hizo Santos en Buenaventura y sus promesas de último minuto, dejan mucho que pensar. Se trata de una muestra de interés tardía, llega tras demasiadas víctimas, tras demasiado sufrimiento. Existe la impresión de que hace rato el mandatario y sus asesores electorales dejaron de interesarse en la región pacífica y en sus votos. No de otra manera pueden entenderse su silencio y su falta de acción frente al drama del puerto.Durante todo el actual gobierno, los vallecaucanos no hemos parado de implorarle que vuelva sus ojos sobre la tragedia humanitaria del litoral. Los dirigentes de la comarca han reclamado medidas para taponar la violencia desbordada, dejando siempre claro que la solución pasa por implementar políticas sociales y estrategias de largo alcance. Esos ruegos, sin embargo, se han ignorado de manera sistemática. Como se ignoró la solicitud de nombrar un gerente que dinamizara los procesos.El fracaso del Estado colombiano en el Pacífico es de tal magnitud que allá campean el narcotráfico y la corrupción; se perdió el control del territorio; la justicia es deficiente; los servicios esenciales muy precarios; la salud, la educación de calidad y las oportunidades laborales son inexistentes. Incluso los documentos Conpes para impulsar la región son letra muerta. De contera Cali está pagando un precio alto por la insensibilidad del poder central. Nuestra ciudad y el puerto son caras de una misma moneda. En nuestro municipio no podremos garantizar seguridad, calidad de vida, y competitividad si no hay remedios de fondo en Buenaventura, si cada día debemos convivir con la metástasis violenta que nos llega de ese infierno. El jueves pasado el Doctor Santos Presidente tomo la decisión, largamente aplazada, de materializar una intervención especial de los organismos de seguridad en la ciudad de Andagoya. Esta mínima muestra de voluntad, que hasta ahora solo incluye ofertas vagas en el campo social, contrasta con el compromiso que el Doctor Santos Candidato asumía en la fecha aludida frente a la ciudad de Bogotá. Esto es garantizarle a la capital, territorio que ya exhibe los mejores indicadores, beneficios integrales en materia de educación, salud, vivienda, emprendimiento, medio ambiente y por supuesto seguridad. No es cuestión de ser malpensados pero en época electoral lo que funciona es la lógica de los votos. Pasa a segundo plano aquello que a los sectores más golpeados se les debe en conciencia. Y hay un hecho claro, Bogotá tiene un potencial electoral de cinco millones y medio de sufragios, cuando el Valle del Cauca y la costa pacífica difícilmente llegan a la mitad.Según parece la voz alarmada de un buen coterráneo como es Francisco José Lloreda y las denuncias de los grandes medios, llevaron a Santos a interesarse por lo que pasa en el litoral. Pero ¿quién podrá confiar, si hasta la Alianza del Pacífico ya se la quitaron al puerto? Las oportunidades provenientes de ese pacto transitarán con prioridad por las urbes y aeropuertos del centro del país, así como por las instalaciones portuarias del Caribe.Aquí antes que avisos rimbombantes se necesitan resultados. Ojalá los burócratas capitalinos no se limiten a los discursos vagos, a los ofrecimientos lanzados al viento, mientras Buenaventura olvidada e inerme, acaba de hundirse en su miseria.

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