Poder y nepotismo

Poder y nepotismo

Febrero 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Una de las características detestables de la politiquería tradicional es el nepotismo. El nepotismo consiste en impulsar, colocar o imponer a los parientes para que sean favorecidos con las prebendas vinculadas a ciertos cargos públicos. Cuando la política se concibe como oportunidad para amasar beneficios personales; cuando se la ejerce para asegurar cuotas burocráticas y se designan ‘personas de confianza’ aunque sea conocida su ineptitud; cuando se la considera fácil trampolín para acceder a los honores de la vida republicana sin incurrir en los esfuerzos correlativos, es apenas natural que quienes la protagonizan deseen legar a los parientes cercanos aquella teta jugosa, aquella oportunidad dorada. Este designio perverso fue el que llevó a muchos caciques electorales de otras latitudes, especialmente de la Costa Atlántica, a convertir las actividades políticas en verdaderas empresas familiares, asestando un daño letal a la democracia. Surgieron entonces secuelas inocultables: entre más poderosos se hacían los clanes, más corrupta e ineficaz se tornaba la acción del Estado, más crecían la pobreza y la indigencia. Y es que así tiene que ser en un esquema donde no priman los intereses colectivos, ni la solución a las necesidades de la población, sino la pura, dura e inaceptable conveniencia de los gamonales y su entorno.Las consideraciones anteriores son oportunas si se miran los fenómenos que están emergiendo en la política vallecaucana. Esos fenómenos hablan de la consolidación de poderes familiares incluso por encima de los procesos y las estructuras partidistas. En lo que toca con Roy Barreras hay rumores insistentes en el sentido de que renunciará a encabezar el Senado por la U, cediendo esa posición a su actual esposa. Ello mientras busca un lugar en el Ejecutivo. El círculo del poder familiar se completa con el protagonismo de su hijo Roy Alejandro en la vida municipal. Roy Alejandro es un profesional joven, inteligente y prometedor, quien pujó duro por la Presidencia del Concejo caleño, pero quien debe entender que lo suyo es labrarse una respetabilidad a base de méritos. Este es un asunto que requiere tiempo, y supone evitar a toda costa los oscuros atajos de las dádivas y las componendas, tan usuales en la politiquería tradicional. La familia Delgado Blandón ya cuajó su emporio. Cuentan con el Gobernador y con un senador, posición desempeñada por César Tulio, hermano del mandatario. Entre tanto Mauricio, el sobrino, ha estado buscando la manera de llegar a la Cámara. Sin embargo, estaría inhabilitado debido al parentesco con Ubéimar. Un caso que no puede pasar desapercibido es el del exalcalde Ospina. Su hermano, hasta entonces solemne desconocido, fue elegido Senador de manera sorpresiva. Pero en Cali flota la persistente impresión de que en tal resultado tuvieron mucho que ver la abultada nómina de los inútiles guardas cívicos, y el manejo con criterio utilitarista de algunos beneficios sociales administrados por el Municipio.¿Será que estamos involucionando y la política vallecaucana va camino de parecerse a la de la Costa Atlántica en años recientes? Mi opinión es que nuestra democracia regional viene retrocediendo, a menos que los ciudadanos conscientes nos levantemos para expresar un contundente:¡Basta !

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