Petro en el Valle del Cauca

Petro en el Valle del Cauca

Abril 29, 2018 - 11:50 p.m. Por: Antonio de Roux

Me tomé el trabajo de seguir la visita de Gustavo Petro a la región y sus intervenciones de plaza pública en Puerto Tejada y Palmira. Quedé impactado porque no tengo registro previo de tanta intemperancia, tanto resentimiento lanzados al aire sin el más mínimo rubor. Lo peor es que se trata de un discurso sustentado en mentiras o verdades a medias.

El botafuego se descargó sobre los candidatos contendores y también sobre los empresarios del agro. Entre los primeros la embestida alcanzó a Vargas Lleras y a Iván Duque. Este último recibió entre otros los calificativos de faraón de la violencia, faraón de la desigualdad social y faraón corta cabezas.

Pero lo peor del ‘viajao’ se lo llevaron los empresarios del campo. En un lenguaje impreciso, lleno de generalizaciones, aunque no por ello menos incitante, acusó a buena parte de ellos de dedicarse a formar grandes “meganarcolatifundios”, y estar interesados en montar una dictadura para lo cual eliminarían las garantías y derechos fundamentales supuestamente introducidos en la Constitución por el M-19.

A partir de esta premisa sesgada viene todo lo demás. Si en el campo colombiano los que mandan son latifundistas codiciosos y crueles, partícipes de una conspiración contra el pueblo al cual privaron de riqueza, educación, salud, bienestar y dignidad; si se trata de individuos que han contribuido de manera determinante para llevar ese pueblo a una situación de salvaje desigualdad y virtual esclavitud, entonces el Estado se encuentra justificado éticamente para tomar medidas draconianas y eventualmente, eliminar la propiedad privada en ese sector.

Petro sabe que este es un país donde los jóvenes y los pobres son mayoría. Gracias a las ‘equitativas’ medidas fiscales de Santos como fue el aumento del IVA, los pobres están al límite de su aguante. Mientras tanto los jóvenes, millennials y centennials desconocen el significado de la palabra después. Por eso el personaje lleva una ventaja: sus propuestas que no miden los medios requeridos ni las consecuencias, son para ya. Esos estratos empobrecidos y aquellos nuevos ciudadanos encuentran ahora un discurso que se adecúa perfectamente a sus expectativas inmediatistas. Y esta vez, ¡ojo!, sí podrían salir a votar.

Las esperanzas de Colombia no descansan en la demagogia o el populismo. Están en un capitalismo que juegue limpio y se comprometa genuinamente con lo social. Necesitamos una verdadera inclusión productiva; que la gente sin importar su raza o su ubicación en el territorio tenga manera estable de ganarse la vida y pueda ahorrar para el retiro.

La experiencia de muchos países demuestra que eso no se hace como pretende Petro estatizando, colectivizando o repartiendo a la brava. Sus anuncios pueden traerle votos, pero no implicarán mejores condiciones para los presuntos beneficiados. Un programa de desarrollo rural además de tierra supone financiación, asistencia técnica, soluciones logísticas, mercadeo y precios de sustentación. Asuntos que requieren recursos ingentes y sobre los cuales el candidato calla.

Conociendo los antecedentes, su concepción líquida, acomodaticia de la institucionalidad y las expresiones vertidas en su visita, no es de extrañar que Petro empezara desmontando la propiedad agraria para luego pasar a los demás sectores. Tal y como lo hiciera su entrañable amigo Hugo Chávez Frías.

Sigue en Twitter @antoderoux

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