Paz, confianza y voto militar

Agosto 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El Gobierno Nacional no ha comprendido que la aprobación de la paz en el plebiscito es ante todo una cuestión de confianza. Por eso sorprenden algunas salidas del Presidente, y la “creatividad” dañina de sus aliados, en un momento que debería distinguirse por la prudencia en las comunicaciones y en las propuestas.El doctor Santos se enredó y puso un manto de duda, con su afirmación en el sentido de que la consulta sobre la paz puede celebrarse aunque no esté firmado el acuerdo. Esa expresión del Mandatario entrañaba un escollo jurídico porque los votantes llegarían al plebiscito sin un referente cierto para tomar su decisión.El asunto parece superado con las claridades formuladas por el Ministro del Interior. Sin embargo quedó un mal sabor, la sensación de que estamos en un juego acomodaticio donde Gobierno y Farc quieren dejar abiertas todas las posibilidades hasta última hora. Incluso después de celebrada la votación.La postura presidencial coincidió con la presentación de un proyecto de ley por medio del cual se restituye el voto a las Fuerzas Armadas. La iniciativa impulsada por Roy Barreras, tiene respaldo de otros congresistas del oficialismo.Ciertos protagonistas de la política en este país tienen la mala costumbre de dañar lo que funciona bien. Hace unos años individuos de tal laya contaminaron la justicia de politiquería al lograr incidencia permanente en el nombramiento de las altas cortes. Ahora quieren hacer lo mismo con la Fuerza Pública honorable y ejemplar que tenemos. ¿No será que en realidad desean penetrar la institucionalidad militar, instrumentalizarla, ponerla al servicio de sus intereses electoreros?A la propuesta quieren darle sustento por el lado de los derechos humanos de militares y policías. Se afirma que a estos colombianos se los ha privando injustamente de la participación en política. El argumento no se sostiene. Las personas somos libres de optar por una u otra profesión, pero al hacerlo debemos respetar su estatuto específico, máxime cuando ese estatuto se sustenta en consideraciones de interés general.Si a los militares se les viola un derecho fundamental al no permitírseles votar, lo propio podría decirse con respecto a los curas cuyas reglas los privan del derecho a contraer matrimonio, o de los bomberos cuando se les restringe el libre ejercicio de la personalidad al prohibírseles fumar.En Colombia hubo una nefanda historia hoy superada, de intromisión de la Fuerza Pública en la política. La practicaron por igual los gobiernos conservadores y liberales. Como en la Venezuela actual los superiores eran seleccionados según su ideología y color político. El propósito era doble: contar con los votos de la tropa e incidir en el comportamiento electoral de la población.En plena hegemonía conservadora mi abuelo ocupó el Ministerio de Guerra. El viejo no fue un prevaricador, seguía las reglas de juego que ahora Roy propone reinstaurar. Para que el lector tenga idea de cómo funcionaron las cosas, transcribo uno de los telegramas que en vísperas de elecciones intercambiaban los jefes militares y el alto gobierno: Palmira 7 de mayo de 1927. Señor Ministro, “Acuso recibo de su mensaje de ayer, que cumpliré porque así impónelo (sic) necesidad salvación partido… tenga absoluta confianza mis humildes esfuerzos. Servidor, Guillermo Gómez. Comandante”.

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