No votar por la U

Octubre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El fallo de la Superintendencia de Industria y Comercio relacionado con el sector agroindustrial del Valle es inaceptable por injusto y desproporcionado. Además reitera el sesgo contra esta región, sus gentes y su paz social, que viene siendo nota característica en ciertos funcionarios del gobierno nacional. Esa actitud bogotana expresa el deseo de privilegiar otros sectores de la economía y se apuntala en el accionar de ciertos comunicadores y medios nacionales. Estos actores movidos por suculentos intereses relacionados con la pauta, la humana mezquindad o la ignorancia, han abierto una variada caja de pandora, llevando a que muchos vallecaucanos amantes del terruño sean atraídos por la protesta social, la resistencia democrática o los sueños de independencia.La sanción impuesta es injusta porque no respetó el debido proceso, ignoró pruebas, incluyó cargos no debatidos. Para concluir, su monto tuerce el sentido de la norma arrasando financieramente una actividad productiva, destruyendo su reputación y su autoestima. Ténganse duro los productores de cuadernos, pañales, cemento y otros de la comarca, sobre quienes ya husmea la Superintendencia. Y ojo, el dinero de las multas no ayudará a crear bienestar; irá derecho a las arcas de ese despacho para fortalecer su controversial entable.Estas situaciones se presentan porque el valor de cambio del Valle del Cauca frente al gobierno es de cero. En otras palabras los altos burócratas consideran que pueden hacer de nosotros lo que les venga en gana, sin tener que entregar nada a cambio. Claro, los vallecaucanos hemos contribuido a que exista esa mirada. Somos desunidos, carecemos de líderes; nuestra clase política no se ha hecho acreedora al reconocimiento. Para completar el mismo gobierno graduó de malandrines a buena parte de nuestros empresarios.Aparece entonces una pregunta crucial ¿Cuáles son las verdaderas intenciones del gobierno nacional frente a nuestro departamento? No tengo respuesta, pero aterra pensar que una administración central que no nos hace justicia llegue a tener gracias al llamado Congresito, facultades para alterar la Constitución y subvertir el régimen territorial, el modelo productivo, los esquemas de tenencia de la tierra, la seguridad jurídica y mucho más. Ese Valle del Cauca sin valor de cambio, que no reacciona, que acepta resignado un destino impuesto y cuya imagen fue destrozada frente a la opinión nacional, podría convertirse así en mercancía de trueque, escenario de toda suerte de experimentos, chivo expiatorio en el sacrosanto altar habanero.El único idioma que entienden los gobernantes es el electoral. Por eso ante el mal trato y la incertidumbre toca mandar un mensaje de dignidad y firmeza. Este es el de que trapear con el Valle cuesta. Como consecuencia, no podemos votar por los candidatos del partido de la U, quienes son los candidatos del gobierno. En mi caso sufragaré para la gobernación por Christian Garcés, quien representa transparencia y conocimiento. Para la alcaldía por Maurice Armitage quien es sentido social y resultados. Para la Asamblea por Duvalier Sánchez quien con su Política de la Felicidad impulsa el cambio desde el ciudadano. Para el Concejo de Cali le apostaré a la renovación escogiendo entre Carlos Andrés Ruiz, Diego Sardi, John López y Andrés Vélez.

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