No solo obras

Octubre 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Visitar Sicilia en compañía de buenos amigos es todo un banquete para el espíritu. La isla fue punto de convergencia de casi todas las culturas de occidente. Para comenzar se la disputaron griegos, cartagineses y romanos. Luego irrumpieron los bizantinos, los árabes y los normandos en una cascada de golpes y contragolpes. Sin embargo, ese no fue el epílogo. El poder local pasó posteriormente a soberanos vinculados a las casas de Aragón, Austria y Saboya. Los últimos cederían el territorio a los borbones españoles, quienes lo agregaron a sus posesiones Napolitanas para crear el reino de Las Dos Sicilias. El aporte de estos protagonistas es fascinante. Como en un caleidoscopio aparecen templos griegos perfectamente conservados; villas y teatros romanos que guardan su magnificencia original; mezquitas y baños árabes con frisos consagrados a Mahoma y Alá; basílicas bizantinas recubiertas de mosaicos y mármoles preciosos; fortalezas normandas inexpugnables, e iglesias inspiradas en el barroco tardío.Pero la isla ha sido asolada por toda clase de desgracias. Se vio inmersa en los fuegos de la II Guerra mundial y algunos de sus centros urbanos fueron devastados. La naturaleza puso su cuota de males en la forma de actividad volcánica, terremotos y pestes. Sobre esto doy apenas un dato: en 1908 un sismo destruyó la ciudad de Mesina dejando cien mil víctimas fatales.Paradójicamente la peor tragedia de Sicilia podría estar representada por su propia riqueza. Sus suelos de origen volcánico la convirtieron en el granero preferido de un imperio romano siempre necesitado de alimentos. Desde entonces, hasta el surgimiento de Italia en 1860, y con la sola excepción del período normando, la ínsula tuvo tratamiento de colonia. Había que explotarla y exprimirla a toda costa sin que a nadie interesara su desarrollo material, ni el progreso de sus habitantes. En ese ir y venir de ocupantes, algunos lugareños convertidos en extranjeros dentro de su propia tierra, comenzaron a desarrollar estructuras de solidaridad secretas, dando lugar a la gestación de la mafia. Quizá al principio tan solo era lo que ahora se conoce como redes sociales, esto es compartir información en especial la relacionada con las fuerzas ocupantes y sus movimientos. Pero el asunto evolucionó y pasaron a ofrecer protección forzada. Luego la organización incursionaría en el contrabando, la prostitución, el juego ilegal, el narcotráfico y la contratación pública. En otras palabras, terminó salida de madre para representar una fuerza capaz de desafiar al Estado.El gobierno italiano ha invertido de manera masiva en Sicilia durante los años recientes. Cientos de kilómetros de viaductos y puentes, así como decenas de túneles dan fe de tal empeño. Pero el esfuerzo pareciera no ser suficiente. En las ciudades grandes de la isla aún hay corrupción, desorden, suciedad, lentitud en la gestión.El asunto debería ponernos a reflexionar en el caso de Colombia, ahora que hemos depositadas tantas esperanzas en los grandes proyectos de infraestructura. Hay una verdad de a puño: las obras físicas ayudan pero no bastan para materializar un desarrollo integral. Este solo tendrá lugar cuando se agreguen reformas institucionales profundas, transformando de paso la cultura ciudadana y las actitudes de la gente.

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