No ser mugres con Cali

Octubre 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El pasado viernes se inauguró la cadena de almacenes PriceSmart en el sur de la ciudad. Quienes la administran lograron imponer su voluntad: nuevos semáforos afectando el tráfico vehicular; una utilización del lote que elimina la posible ampliación de la avenida Cañasgordas, única vía alterna a Jamundí; camiones utilitarios maniobrando sobre una calzada abarrotada.Hace unos meses, cuando el vecindario reclamó por lo que se estaba gestando, los representantes de la empresa se limitaron a expresar que contaban con licencias expedidas por la Administración Municipal. No lo pongo en duda, seguramente obtuvieron las autorizaciones, pero eso no los exculpa de haber actuado en forma contraria a los dictados de la responsabilidad social empresarial. El punto es que los reglamentos urbanos consagran condiciones esenciales para desarrollar un proyecto, pero una empresa socialmente responsable no puede contentarse con lo mínimo. Su desafío además de pensar en los resultados económicos, es indagar de qué manera su presencia contribuirá al bienestar integral de las poblaciones vecinas; en qué forma su actuar impactará al entorno; en que medida sus actividades han de fortalecer la confianza y la armonía colectivas.Hay preguntas que deben despejarse sobre la manera como PriceSmart logró que se le autorizara un implante tan agresivo. Y Andrés Santamaría, el personero Municipal, tiene el deber de averiguar la identidad de los funcionarios municipales que pudieran haber actuado por fuera de la ley en el trámite. De igual manera y para evitar molestias semejantes, a la JAL y veedores de la Comuna 2 les corresponde vigilar de cerca el proyecto que la misma multinacional viene impulsando en la zona de Centroempresa.Sin embargo, el episodio relacionado con la tienda del sur no deja de sorprender. PriceSmart es un conglomerado reconocido por su seriedad y transparencia. Incluso cuenta con duras normas de gobierno corporativo orientadas a evitar que sus empleados contraríen la ley, o intenten manipular decisiones gubernamentales. Pero la organización está en mora de explicar cómo hará en el futuro para que sus actuaciones frente a la ciudad no se limiten a cumplir formalidades exiguas, como las requeridas para la obtención de un permiso.En Cali infortunadamente se presentan situaciones en las que muchas empresas se olvidan de su responsabilidad social empresarial, y trasladan a vecinos y a transeúntes costos que no les corresponderían. Esto se ha vuelto pan de cada día en la Calle 67 norte, arriba de la Sexta, desde que llegaron Directv y otras firmas vinculadas al negocio de call center. Como esas compañías no destinaron espacios suficientes para la alimentación y relax de sus colaboradores; como no dispusieron los parqueaderos requeridos por las normas urbanas; como no designaron sitios adecuados para el estacionamiento del enjambre de buses que mueva a sus empleados, la vía se ha ido quedando sin movilidad. Para completar en los zonas circundantes se ha instalado un verdadero mercado persa, y una feria de la fritanga y el mecato carente de toda higiene.¿Será mucho pedirles a tales inversionistas que cumplan con su responsabilidad social empresarial, impidan el abuso y eviten matricularse entre quienes son mugres con Cali?

VER COMENTARIOS
Columnistas