No quedar atrás

Enero 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

El pasado 1º de enero cuando Rodrigo Guerrero cumplía dos años de mandato, se posesionó el nuevo alcalde en New York. Michael Bloomberg el burgomaestre saliente de esa ciudad, entregó el cargo después de doce años de realizaciones. Entre sus logros se cuenta el rescate del espíritu colectivo tras los atentados de las Torres Gemelas; una reducción superior al 40% en la tasa de homicidios; la recuperación del espacio público hasta el punto que ahora el 20% del área urbana está destinada a parques o amenidades y la ciudad tiene un millón de árboles adicionales; la expansión del transporte urbano bajo el concepto de sostenibilidad, llegando a 500 kilómetros de ciclo vías; el incremento del 40% en el número de turistas, que hoy son 50 millones por año y dejan jugosos recursos; la cualificación del sistema escolar; la transformación de la silueta urbana mediante el impulso de miles de proyectos inmobiliarios; la revitalización de las actividades productivas y la correspondiente multiplicación de los empleos. En años anteriores la ciudad había registrado dificultades fiscales y Bloomberg entendió que en la práctica se necesitaba reinventarla, asunto en el cual sería indispensable vincular al sector privado, atraer nuevos proyectos, empresas e inversiones, así como un recurso humano talentoso. Esta claridad lo llevó a reformar sin miedo buena parte de la normatividad urbana, y a preocuparse por ofrecer una mejor calidad de vida. Es admirable que los resultados se obtuvieran manteniendo distancia frente a los dueños del poder político tradicional.Ahora bien, volvamos a Cali. Al promediar su mandato Guerrero exhibe frutos dignos de elogio. Lo primero es que puso la casa en orden al retomar la gestión de los impuestos. De manera complementaria ha dado pasos para fortalecer las finanzas, aplicando una medida inaplazable como es la actualización catastral. La devolución de Emcali, adicionalmente, impactará en forma muy positiva nuestra oferta de servicios básicos. También se han efectuado esfuerzos por organizar la movilidad, aspecto que facilita el resurgimiento de la cultura cívica. Gracias a estos hechos y como lo señalara el propio alcalde, los caleños dan señas de estar recuperando la autoestima. Sin embargo, a pesar de los avances transcritos, existen asuntos que requieren atención prioritaria. La autoestima y la buena disposición de los habitantes pueden evaporarse si toma fuerza la idea de que Cali es una ciudad peligrosa, sin adecuado transporte colectivo, donde las oportunidades laborales son escasas en especial para los jóvenes, y la calidad de vida deja que desear. Por eso la actitud de ciertos colaboradores municipales se debe evaluar y re-direccionar. Los ciudadanos quisiéramos ver en el equipo que rodea al Alcalde creatividad, al igual que disposición para las realizaciones tangibles. Una política de fomento orientada a impulsar negocios y proyectos junto a un POT innovador, pensado como herramienta de desarrollo, tendrían que aplicarse de inmediato. Se trata de establecer una estrategia integral para desatar las fuerzas productivas, crear puestos de trabajo y contribuir a derrotar la violencia. El éxito no es solo de New York, ciudades como Bucaramanga y Barranquilla lo están logrando. Nosotros no podemos quedar atrás.

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