Niche e identidad

Agosto 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Jairo Varela tenía la mirada de un niño triste, la inspiración desbordada y una sensibilidad retenida, que estallaba arrolladora entre compases y arpegios. Su legado verdadero, sin embargo, es haber contribuido como ningún otro a la consolidación de la identidad caleña. Nadie como él intuyó la esencia de esta ciudad compleja, contradictoria, que lucha por construir identidad en medio de la diferencia. Desde sus primeras canciones se propuso poner un granito de arena integrando en sus letras todo lo que une, convoca, hace sentir orgullosos y convergentes a los caleños. Miro la ciudad desde una perspectiva peculiar, la del inmigrante proveniente del litoral Pacífico. Tuvo la sagacidad de comprender que en el caso suyo la única riqueza al alcance estaba representada por la herencia cultural de los antepasados. Por eso fue auténtico a plenitud, se veía a sí mismo como un negro verdadero, un niche creativo, persistente, sabrosón.Conversé con Jairo en un par de oportunidades durante los últimos años. La ultima vez, en diciembre pasado, nos citamos para almorzar. En esa oportunidad se abstuvo de consumir alimentos: -“Tengo problemas cardiovasculares graves, estoy en una dieta que no me permite acompañarlo”, se excusó. Pronto su inteligencia y su mundo deslumbrante fueron apoderándose de nuestro intercambio. La conciencia personal sobre el respeto a la diversidad se puso de presente. Estaba orgulloso de haber llevado al Grupo Niche a la municipalidad peruana de Cerro de Pasco, donde se encuentra la mina de tajo abierto más alta del mundo, a casi 4.500 metros de altura, y donde miles de mineros dejaron de lado las marineras y los huaynos para celebrar una fiesta salsera que no tenía antecedentes en la historia. Le pregunté por el origen de esa presentación y me contó que un buen día llegaron a buscarlo en Cali las autoridades de la población.-“Pero me queda un mal sabor”, dijo. “En mi oficina casi no dejan pasar a los visitantes porque los vieron distintos, con cara de cholitos…”.En el día de nuestro encuentro Jairo tuvo la generosidad de compartirme varios proyectos. Habló de sus inclinaciones literarias y de las muchas horas que estaba dedicando a escribir una novela con elementos autobiográficos, que pensaba publicar a finales del 2012. Luego y a propósito de Joe Arroyo, su amigo por muchos años, hizo alusión a las aproximaciones con un canal de televisivo para llevar a ese medio su propia biografía, tal y como RCN lo hiciera con la historia del cantante costeño. El asunto le generaba aprehensiones por la dificultad de llegar a un acuerdo financiero con los productores interesados.Finalmente, la cara se le llenó de luz cuando habló de los hijos. En especial se sentía orgulloso de Cristina Yaneth, quien estudia Ciencia Política. Jairo quería que pudiera viajar, prepararse para ser una profesional modelo.El alcalde Rodrigo Guerrero acertó al recoger el sentimiento ciudadano y dar el nombre de Jairo Varela a la nueva plazoleta cercana al CAM. Pero el Gobierno del municipio podría dar un paso adicional estableciendo del Festival Jairo Varela, orientado a premiar a los compositores y arreglistas que ponen el acento caleño y vallecaucano al crear salsa y música tropical. Eso haría perdurar el sueño de Jairo: que la música siga dándonos cohesión e identidad.

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