México en la encrucijada

Agosto 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Las autoridades federales de México, lideradas por el presidente Felipe Calderón, libran una guerra a muerte contra el narcotráfico. La situación coincide con la disputa abierta entre algunas de las bandas mafiosas. Los resultados de esta conjunción de circunstancias no pueden ser más aterradores. Las masacres y los atentados se cuentan por centenares, los muertos por miles. La economía ha comenzado a sufrir. Norteamericanos y europeos tienen miedo de frecuentar los innumerables sitios de interés. En consecuencia, muchos hoteles comienzan a presentar ocupaciones declinantes y los ingresos por concepto de turismo viene descendiendo.El problema de fondo es que la guerra contra el narcotráfico en la nación azteca se está perdiendo. Y quizá no podría ser de otra forma si consideramos que esa es una república federal y descentralizada. Cada uno de los 31 estados es soberano en lo concerniente a su régimen interior. Cada uno posee su sistema judicial, su estructura penitenciaria y sus fuerzas policiales. En esta última materia, la cuestión llega incluso a la anarquía. En el territorio confluyen instituciones policiales de carácter municipal, estatal y federal. Usualmente las tres actúan con estrategias y prioridades diferentes. Pero lo dicho no es lo más grave. Las fuerzas policiales del orden municipal y estatal, la gestión carcelaria y los sistemas judiciales no se libran de la corrupción y la politiquería. Una situación acontecida la semana anterior ilustra el estado al que han llegado las cosas. Según la Procuraduría General de la República, los reclusos de la cárcel de Gómez Palacio, una importante ciudad de Durango, fueron responsables de varias masacres. En tan sólo tres de los episodios efectuaron 35 asesinatos. Léase bien, los convictos autores de los homicidios hicieron el macabro trabajo en vehículos facilitados por la penitenciaría, usaron las armas de dotación de los carceleros y contaron con el permiso de la directora del establecimiento de reclusión para salir en cada oportunidad. Ahora bien, Margarita Rojas, como se llama la tal directora, es una polémica funcionaria que desempeña el cargo desde hace un año escaso. Durante ese tiempo en la prisión han pasado a mejor vida en hechos de sangre veinte reos y cuatro guardianes. Uno se pregunta entonces, dónde ha estado el jefe de una funcionaria que da pie a tales monstruosidades, y la respuesta no es alentadora. El superior jerárquico de la señora Rojas es el Secretario de Seguridad Pública de Durango, individuo que según versiones de prensa exhibe un pasado oscuro y tormentosos. Entre otras se lo acusa de recibir dinero del cartel de Juárez y prestar protección a algunos capos del cartel del Golfo. La esperanza de México está representada por las Fuerzas Militares. Estas poseen mando unificado y cubrimiento nacional. Entre otras acciones dieron de baja hace pocos días a Nacho Coronel, uno de los patrones del cartel de Sinaloa. Pero el uso del Ejército para reprimir las mafias suscita grandes polémicas. Se dice que eso lo hará proclive a la corrupción. También argumentan que su campo de acción es puramente castrense y no puede meterse a hacer aquello que la Constitución reserva a la Policía. México está sin duda en una gran encrucijada. Ojalá que le vaya bonito.

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