Más árboles sanos para Cali

Más árboles sanos para Cali

Octubre 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Un par de veces al año los arboles locales se visten de colores, nos regalan un espectáculo sin igual en Colombia. Los anuncios llegan con el lila que se apodera de los gualandayes. Luego viene la explosión del rosado junto a pequeños toques amarillos y blancos: es la fiesta de los guayacanes que se toma a la ciudad. El patrimonio vegetal es elemento que define y caracteriza a las urbes. Washington DC tiene una corona florida formada por cerezos japoneses. Se engalanan puntuales al comienzo de la primavera y llenan de magia los lagos que circundan el monumento a Jefferson. Las plantas han estado en el sitio desde 1912 cuando el alcalde de Tokio las donó a la capital gringa para propiciar una amistad que tendría grandes desencuentros. Por su parte al comienzo del verano Sevilla se transforma en viuda coqueta, ataviada con la capa de seda y malva que proporcionan sus añosas jacarandas. A diferencia de las ciudades mencionadas que se ubican en las zonas templadas del planeta, nuestra Cali tropical florece no una, sino dos veces al año. La sultana se convierte en oportunidad para el goce estético y en atracción turística.Las arboledas que hoy conocemos en Cali son producto de años de esfuerzo colectivo. A mediados de los años 20 del siglo pasado la Sociedad de Mejoras y Ornato trajo de Panamá las palmas que aún adornan la calle 25. Organizaciones cívicas y gobiernos municipales perseveraron en el empeño de sembrar. Quizá no contaban con recursos para hacerlo en las proporciones deseadas. Quizá se cometieron errores como fue el de multiplicar los ficus que dañan vías al igual que alcantarillados, y no brindan cobijo a las aves. Sin embargo, en la historia del Cali vegetal hay muchos aciertos. Se incrementaron las especies que producen flores, se protegieron los chimangos, las ceibas, los samanes y las camias cuyo aroma se esparce con el viento. Ahora bien, como lo han venido señalando los funcionarios del municipio a cargo, la ciudad registra en esta materia varios retos. El primero es hacer mantenimiento y depurar los árboles enfermos para evitar nuevas tragedias. Esa intervención es inaplazable, de no ser acometida puede generarle responsabilidad fiscal al municipio y comprometer de manera personal a funcionarios y propietarios de predios. El segundo desafío es duplicar o triplicar el inventario de especies existentes impulsando un ambicioso programa de siembras en la parte urbana como en la rural. Dentro de este cometido sería conveniente integrar esfuerzos con otras entidades que trabajan en la materia como son entre otras la CVC, la Sociedad de Mejoras Públicas y la Empresa de Energía del Pacífico –Epsa.Pero el principal empeño que debe ocupar a ese servidor experimentado que es Luis Rodríguez, Director del Dagma, es cambiar la cultura organizacional de aquella dependencia. Que pase a ser verdaderamente técnica y supere las taras dejadas por años de manejo politiquero; que los trámites en el organismo sean ágiles y transparentes; que tengan más gente en el terreno y menos burocracia.Una sugerencia respetuosa, doctor Rodríguez. Quisiéramos un mayor número de árboles con florescencia rosada. Ellos son homenaje a nuestras verdaderas flores: las mujeres caleñas, y recuerdan la urgencia de apoyar las campañas por su salud.

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