Lo que sigue

Lo que sigue

Octubre 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Contra las encuestas profusamente publicitadas y contra la aplanadora de la propaganda oficial, los colombianos se expresaron ayer en el plebiscito para dejar sin base el acuerdo final suscrito entre las Farc y el Gobierno. La diferencia a favor del No fue mínima, pero inapelable según las reglas de la democracia.Muchos llegamos a las urnas con una encrucijada en el alma, y debo decir que ese fue mi caso. Una encrucijada que duró por largas semanas y me tuvo en un ir y venir intelectual, tratando de dilucidar lo mejor para el país y sus habitantes. El triunfo del No puede obedecer a distintas razones, algunas de las cuales es obligatorio mencionar. En primer lugar aparece la pobre percepción que se tiene en muchos sectores sobre las ejecutorias de un gobierno que carga con multitud de problemas no resueltos. A esto viene a sumarse otro aspecto y es la idea de que el ejecutivo mantiene una relación simbiótica con la politiquería tradicional, la cual se alimenta de mermelada, contratos y puestos. Por otra parte en la actitud tomada por los electores es posible leer el deseo de reafirma su autonomía frente a presiones francamente inaceptables como aquellas esbozadas desde el alto gobierno en el sentido de que el rechazo a los acuerdos significaría más balas, el traslado de la guerra a las urbes y mayores impuestos. Las razones para la negativa plebiscitaria se completan con la observación de cierta prepotencia que nunca fue abandonada por los jefes guerrilleros, aspecto presente en muchas de sus declaraciones, incluida la más reciente del cabecilla ‘Romaña’, que terminaron por enfurecer a la opinión nacional. Súmense a lo dicho el carácter extenso, farragoso, y confuso de Acuerdo Final, y la adopción del llamado fast track legislativo establecido para expedir decretos con fuerza de ley por parte del Ejecutivo y reformas express a la Constitución encaminados e desarrollar tal acuerdo. Los elementos mencionados terminaron por golpear la confianza en el proceso. A lo anterior vino sumarse como estocada final, la labor persistente de zapa adelantada por la derecha y en particular por el doctor Álvaro Uribe, quienes supieron leer y explotar los temores y las dudas de los electores. En medio de la crisis representada por la negativa, el presidente Santos se dirigió anoche a los colombianos, y sus palabras parecieron orientadas en la dirección correcta. Habló como un demócrata aceptando el veredicto de las urnas y expresando su determinación de convocar a todas las fuerzas políticas para buscar soluciones eficaces que permitan restablecer el camino hacia la paz, todo en espíritu de unidad nacional.Uno de los aspectos más relevantes de la alocución de Santos fue el de dar garantías sobre el mantenimiento del cese al fuego bilateral, una actitud que minutos más tarde fue compartida desde el lado de la insurgencia por el mismo ‘Timochenko’. Estas manifestaciones coincidentes de los contendores despeja incertidumbres, porque los colombianos no queremos volver a vernos sumidos en ese pantano fratricida y sangriento que nos asoló por décadas.Pero Santos tiene un gran desafío: lograr que los ciudadanos crean en aquello que se propone hacer para bien del país. Eso exige que su convocatoria sea lo más amplia posible, incluya las diversas fuerzas sociales, no se circunscriba a los políticos de siempre.

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