La gavilla

Agosto 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Rodrigo Guerrero logró que el Gobierno Nacional pusiera fin a la intervención de Emcali y devolviera su manejo al municipio. El gerente designado, Óscar Pardo Aragón, funcionario con amplia experiencia en gestión financiera y planeación urbana, se ha empeñado desde entonces en aplicar los correctivos necesarios para que la empresa pueda competir exitosamente en el complejo mundo de la prestación de servicios. Óscar llegó tomando medidas en materia de gobierno corporativo. Estas se orientan a garantizar una gestión eficiente, independiente, ajena a los apetitos burocráticos de la política tradicional, aquella que casi ocasiona la liquidación de la empresa. El gerente Pardo también reestructuró a fondo el procedimiento de celebración de contratos con el propósito de asegurar transparencia, permitir la llegada de más proponentes y generar ahorros. Y allí fue Troya. Cayeron en pánico quienes esperaban el retorno de esa marrana que antes de la intervención prodigaba a rodos puestos y contratos. Por eso han armado una gavilla orientada a forzar la salida del gerente y volver las cosas al estado de desastre previo a la intervención. En la cuadrilla participan entre otros algunos concejales, lideres laborales empujados por un senador del Polo y politiqueros, incluso de la Unidad Nacional. Aunque a decir verdad el doctor Santos no debe tener ni idea de los retozos en que andan sus relacionados.Los interesados en que Emcali vuelva atrás golpearon la puerta de los medios de comunicación con cubrimiento nacional y estos, como siempre al referirse a los temas caleños, se han dedicado a hacer afirmaciones ligeras, sin mayor análisis ni contexto, indiferentes al daño que nos causan su mirada parcializada y su pavorosa superficialidad. En su estrategia para descarrilar el mejoramiento de Emcali los maquinadores vienen usando toda suerte de argumentos. Primero acusaron al gerente de las pérdidas en el negocio de energía. Sin embargo, pronto quedó claro que esa situación tuvo origen en no haber comprado la electricidad futura cuando Superservicios tenía el manejo de la empresa. Luego endilgaron a Pardo responsabilidad por el hecho de que una firma contratista, en acto torpe pero de su exclusiva iniciativa, utilizó la identidad de un difunto en el programa de mejoramiento bajo la metodología de “cliente anónimo”.No contenta con lo anterior la gavilla impulsó un nuevo zafarrancho. Ahora afirman que se hizo doble adjudicación en un contrato por veinte y dos mil millones de pesos, referente a la estación de bombeo ubicada en el Paso del Comercio. Pero las cosas no fueron así. El acta inicial del Comité de Evaluación y Calificación no era un acta de adjudicación, ella se limitaba a preseleccionar los proponentes habilitados. Cumplido lo anterior se detectó que otro aspirante aparecía descartado injustamente porque sus certificados de experiencia, en forma inexplicable, no se habían tenido en cuenta. Ante esto y con ceñimiento al Reglamento de Contratación, la gerencia y la junta directiva designaron una comisión independiente para estudiar los hechos. La comisión concluyó que aquel tercero debía ser admitido al proceso. En medio de todo solo queda una explicación para la actual avalancha de ruido y verdades a medias: La gavilla quiere reinar. ¿Será que los ciudadanos de Cali vamos a dejarle libre el terreno?

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