¿Habrá paz sin el ELN?

Marzo 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Como lo registran distintos medios informativos, el ELN está dando muestras de una vitalidad renovada. Sus estructuras militares vienen fortaleciéndose, ha aumentando el alcance geográfico de sus tropelías, y sus golpes son más frecuentes. En Nariño se habla de que esa guerrilla controla doce municipios, y su sombra se extiende a zonas enteras de Arauca, Norte de Santander, Putumayo y Chocó. Sus efectivos operan también en el Cauca y se vienen posicionando en el Valle. Sectores de Miranda, Toribío, Caloto, Pradera, Florida, Jamundí y El Cairo, sufren en alguna medida su influencia. Mientras esto sucede el ELN hace entender que no está interesado en llegar a acuerdos mínimos. Aquellos indispensable para hacer viable una negociación con el gobierno. Por eso plantea condiciones inaceptables, como aquella de que los eventuales diálogos deban celebrarse en Venezuela, bajo el alero cómplice del sátrapa Maduro. Según algunos entendidos el renacer de los ‘Elenos’ se origina en que algunos frentes y compañías de las Farc estarían desplazándose hacia sus filas, y aportando armamento, redes de apoyo, entronques con el narcotráfico y la minería ilegal. Dos son las explicaciones que se dan para aquel trasteo. La primera es que varias estructuras de las Farc metidas de lleno en el narcotráfico y proclives a los actos terroristas, no están dispuestas a entregar su jugoso negocio. Otra explicación aún más inquietante sobre la transferencia de miembros de las Farc al ELN, es que sectores de la organización de ‘Timochenko’ adelantan una estrategia de doble juego: salir en la foto de la paz, lo cual les permite ganar méritos en lo político y al mismo tiempo, mantener estructuras armadas a nombre de otra agrupación. Esto por si se rompe el acuerdo, si las cosas no se dan en los términos acordados, o si son objeto de operaciones de exterminio. Siendo este el contexto el ELN podría estar actuando como una moderna empresa de franquicias. Recuérdese que la franquicia es un arreglo en el cual alguien obtiene el uso de una marca ya consolidada en el mercado. En otras palabras, las bandas de las Farc no interesadas en la paz, estarían recibiendo licencia del ELN para usar su nombre y sus procedimientos. Aún partiendo de la buena fe de los comandantes ‘farianos’, los vasos comunicantes inatajables entre sus tropas y las del ELN, harán imposible que cese el conflicto. En otras palabras, sin el ELN no habrá paz. No podremos desmontar el costoso aparato militar actual; seguiremos gastando en la contienda los recursos necesarios para mejorar la calidad de vida de millones de colombianos.La solución que requiere el país no está en más guerra. Radica en una negociación honesta, con la participación de todas las fuerzas involucradas en el conflicto. Por eso desde la sociedad civil, desde la comunidad internacional, desde la Iglesia, debe presionarse con todo al ELN para que entienda este mandato de la historia. Ahora bien, en lo referente al lugar y garantes de un proceso con esta guerrilla, sería conveniente plantear opciones distintas a la de Venezuela. Ojalá Frank Pearl, quien ha conducido con tino las conversaciones preliminares, considere acudir a los buenos oficios de la Santa Sede. Esta es una alternativa que por razón de sus tradiciones, podría atraer a estos ‘hijos’ ideológicos de los curas Laín y Pérez.

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