Habitantes de la calle

Diciembre 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Adal Mundo Rodríguez, joven poblador de Tijuana México, debió pensar que se trataba de una inocentada a destiempo cuando recibió el mensaje de Anonimus, conocido grupo de activistas cibernéticos. La voz fría y robótica le advertía que si en dos días no se entregaba a la policía y pedía perdón sería obligado a pagar caro por sus acciones. “No permitiremos su arrepentimiento, y el dolor que causaremos será difícil de sanar”, dijeron. Quizá solo entonces Adal Mundo recordó que días antes en compañía de su ‘parche’, habían hecho desvestir bajo amenazas a un indigente, apagándole un cigarrillo en el torso, y obligándolo a decir palabras de saludo a sus verdugos. No contentos de haber cometido el delito los victimarios en un acto de cruel prepotencia, colgaron el video correspondiente en las redes sociales, con lo cual provocaron reacciones de fuerte repudio en el ciberespacio. El asunto concluyó con la presentación de Adal Mundo, quien es menor de edad, ante las autoridades especializadas de su país. Estas ahora lo investigan por el presunto delito de lesiones personales.Pero no hay que ir a México para registrar el clima de violencia y desprecio que viven los habitantes de la calle. El tema hizo parte de nuestro panorama noticioso hace varios meses cuando Marco Tulio Sevillano fue incinerado en Bogotá mientras dormía. Por entonces se publicó una cifra aterradora según la cual en la capital se asesinan unos sesenta indigentes cada año.En Cali no hay estadísticas confiables sobre la violencia ejercida contra estos desheredados de la vida, aunque no faltan informaciones relacionadas con “operaciones de limpieza social” en su contra. Pero hay un echo innegable y es que en aquí está creciendo el rechazo contra ellos. Este posiblemente sea el resultado de su incremento notorio y de la circunstancia de que ahora son más visibles. Esa visibilidad proviene de medidas tomadas por las autoridades como son la relacionada con el desmantelamiento de las llamadas “ollas” de microtrafico, y del adelanto de proyectos de renovación urbana como Ciudad Paraíso, que transformará espacios donde antes se concentraba la población aludida.La falta de una estrategia local para atender este núcleo humano, estimado en cinco mil almas, ha generado un grave fenómeno de desplazamiento urbano, aventando infinidad de personas desvalidas en separadores, carrileras y puentes. Seres que merodean sin esperanza ni ley en secciones enteras de la Calle 26, y las autopistas Suroriental o Simón Bolívar. Destinos truncados para cuya redención las autoridades municipales, carentes de una normativa y una institucionalidad adecuada, apenas logran destinar unos doscientos mil pesos anuales por persona. Individuos sin más esperanza que la prodigada por organizaciones caritativas como Samaritanos de la Calle, Ser Gente, Cristo de la Calle y Ángeles de la Calle.En medio de este panorama hay una buena noticia. La Secretaría de Desarrollo y Bienestar Social deja planteada la conformación de la mesa encargada de articular los esfuerzos dirigidos a los habitantes de la calle. Esta medida permitirá la generación de una propuesta que se transforme en política pública y pueda integrarse al plan de desarrollo 2016- 2019. Ojalá el Alcalde Armitage y su equipo entiendan el profundo sentido humanitario de la iniciativa y le den continuidad.

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