Esperanza en Buenaventura

Agosto 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

La situación de Buenaventura es a todas luces inaceptable. Según datos mencionados por Roberto Pizarro, director de la Fundación Carvajal, el 81% de los habitantes se encuentra en la pobreza y el 44% en la indigencia. Menos del 50% de los pobladores tiene alcantarillado, y el agua llega durante pocas horas al día. Como si fuera poco la tasa de desempleo es monstruosa, y la proporción de homicidios es tres veces la del resto del país. Buenaventura ilustra la inoperancia del Estado colombiano y la ineficacia de muchas instituciones. Ahora bien, la falla no puede atribuirse en exclusiva al presente gobierno central, involucra a todas las administraciones recientes y a las distintas ramas del poder. Nuestro puerto cada año genera para la Nación $4,5 billones, y apenas recibe $170.000 millones de ese dinero. Estas cifras expresan de suyo un desequilibrio esencial, pero a lo anterior viene a sumarse que los servicios prestados por el sector público distan de funcionar en la forma debida. Como lo ha denunciado la prensa, allá la Justicia está en gran medida corrompida y politizada; los organismos de control no han podido eliminar las mafias enquistadas en la vida del municipio y la Fuerza Pública se muestra impotente frente a un hampa envalentonada.La prueba mayor de la ineptitud estatal es la doble calzada, cuya fecha de terminación aún es incierta. Las dificultades provienen de unas contrataciones mal estructuradas y descoordinadas. A lo cual se añade la consabida maraña de permisos y licencias; los lentos procesos para la adquisición de predios; las consultas a las comunidades y, por supuesto, los sobrecostos. El asunto de las consultas se ha convertido en negocio jugoso capaz de afectar los intereses colectivos. En ese trámite afloran grupos artificiales que nacen, exigen beneficios espurios, cobran lo suyo y eventualmente desaparecen. La demora en la doble calzada tiene un pernicioso impacto social, porque ella está llamada a hacer detonar las oportunidades y el empleo en la región. La vía no solo traerá nuevos entables productivos, sino que abriría las puertas al ecoturismo internacional y a la expansión del turismo interno. Con el litoral a un par de horas, es acertado pensar que 100 ó 200 mil caleños y vallecaucanos accedan cada fin de semana a las amenidades marinas.A pesar de la violencia persistente, de la corrupción, de la politiquería incesante y de las difíciles comunicaciones terrestres, en el puerto se respiran resplandores de cambio. Los nuevos emplazamientos portuarios vienen consolidándose, hay iniciativas importantes en materia de hotelería, infraestructura eléctrica, comercio y facilidades para el turismo. La inversión extranjera ha comenzado a fluir. Contra viento y marea los hombres de negocios están neutralizando las inercias negativas.Las preguntas forzosas son: ¿Cómo fortalecer esa dinámica que despunta? ¿Cómo crear condiciones para que Buenaventura se convierta en una ciudad-puerto competitiva y viable?La solución sería adoptar una estrategia de desarrollo integral, que incluya a los otros municipio ribereños del Pacífico. Para lograr tal propósito se requiere organizar un mecanismo de gestión apropiado, en el cual confluyan los empresarios, el sector social, la academia y las instituciones de la sociedad civil.

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