El Tornillo

El Tornillo

Febrero 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

En Colombia la política se distanció de los ciudadanos, se volvió asunto de profesionales vinculados a los partidos. Es imposible que a un Congreso conformado por especialistas en estratagemas electoreras lleguen empresarios, víctimas del conflicto, académicos, líderes ciudadanos y del sector social. El abismo entre necesidades y soluciones, entre el país político y el real crece y crece. En medio de esta circunstancia surgen preguntas trascendentales. La primera es: ¿Por qué los ciudadanos del común no reclaman su sitio e imponen su criterio en el manejo de lo público? La segunda fue formulada por Alfonso Gómez Méndez en días recientes: “¿Qué hace un congresista que invierte $5 mil millones, o más, en una campaña si por sueldo recibe aproximadamente durante el período $500 millones?”.Estos cuestionamientos indican que nuestra política tiene que ser refundada a partir de los ciudadanos, de quienes sean ajenos a los intereses mezquinos y a las maquinarias. Precisamente a ese propósito apunta El Tornillo, un medio de expresión creado por Juan José Saavedra. Como bien se conoce Saavedra es un abogado que goza de merecido prestigio. Además de humanista integral, posee un exquisito sentido del humor para fortuna de quienes somos sus lectores, y su compromiso con los intereses colectivos, se encuentra fuera de toda duda. Tal circunstancia explica que Juan José haya asumido el reto de salir con una publicación novedosa y contundente, a la cual denominó El Tornillo. Supongo que el nombre alude a ese elemento de ferretería que traspasa las inútiles roscas, les da propósito y las hace prestar un buen servicio. Con su estilo peculiar Saavedra explica en el editorial del primer número que se trata de una iniciativa orientada a convocar y organizar a esa opinión latente que se expresó mediante el voto en blanco; aquel sector que hizo conocer su deseo de quitarle la representación a los mediocres y los egoístas, para depositarla en manos de quienes actúan comprometidos con el bienestar de la comunidad.En lo escrito por Juan José hay un deseo inocultable de que en lo local se puedan reeditar experiencias como la del Movimiento Cívico de Pardo Llada. En ese orden de ideas señala: “Los politiqueros no solucionan la pobreza sino que la aprovechan. La miseria facilita el clientelismo y la compra de votos, pero aquí hay una franja social compuesta por personas honestas y libres que pueden darse el lujo de pensar y de escoger”. Luego agrega: “Por eso, por el descontento sin canalizar que hace décadas existe, José Pardo Llada pudo fundar el Movimiento Cívico y quitarles una porción de poder a los politiqueros tradicionales. El movimiento desapareció, pero él demostró que aquí hay gente con la que se puede intentar salvar la ciudad”.La manifestación formulada por Saavedra concluye con un párrafo que no puede pasar desapercibido, ya que contiene la esencia de su pensamiento: “Lo que proponemos ahora, en síntesis, es que nos reconozcamos, nos comuniquemos, nos reunamos, nos pongamos de acuerdo, nos organicemos y demos la batalla por Cali y por el Valle. ¿Utopía? Puede ser, pero un escritor decía que el progreso es la realización de la utopía, y que los ideales son para los pueblos lo que las estrellas para los navegantes: nunca las alcanzan, pero les sirven de guía”.

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