El destape bogotano

Octubre 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Es posible hacer toda clase de juicios sobre las intenciones de los miembros del Polo que expresaron sus sospechas en relación con la administración bogotana. Pero dos cosas son indiscutibles. La primera es que allá se ha presentado una multiplicación de contratos controvertibles, incluso torcidos. La segunda es que en buena hora alguien tuvo el valor civil de denunciar, asumir el riesgo, llamar las cosas por su nombre. A ojos vista la capital ha retrocedido, se estancaron los avances en materia de movilidad, espacio público, convivencia y educación. La situación en salud es calamitosa. El servicio que se suponía financiado, exhibe hoy un hueco por valor superior a los $250.000 millones. La descuadernada del Distrito coincidió con la aplicación de unas prácticas administrativas repudiables: redujeron las adjudicaciones por el sistema de licitación para incrementar los contratos a dedo; concentraron las obras de infraestructura en pocos proponentes; permitieron la subcontratación indiscriminada; en secretarías como la de Integración Social incrementaron las adjudicaciones a proveedores reconocidos por su incompetencia.Antes de que aflorara el escándalo la ciudad ya estaba llena de rumores. A eso daba lugar la actitud evasiva del Alcalde sobre las sospechas, ciertas poderosas amistades de su grupo familiar, y la sombra permanente de Iván Moreno el hermano que ocupa un escaño en el Senado. Este último despertó suspicacias a su paso por la Alcaldía de Bucaramanga. Hasta le adjudican un incendio del despacho municipal, en el cual habrían desaparecido molestas evidencias sobre sus procedimientos. La manera como algunos círculos de poder bogotanos han reaccionado frente a este escándalo, da pistas para explicar por qué la corrupción se adueñó del país. La verdad es que muchos de los que están en la vida pública, se lucran de las finanzas del Estado. Maliciosamente reducen los episodios de corrupción a un asunto personal y aislado. De manera intencionada olvidan decir que las conductas torcidas acarrean responsabilidades políticas para los partidos que las permiten o las acolitan. Clara López, la habilidosa presidenta del Polo, no asume lo que le toca. Se agacha y sale con un discurso marrullero. Niega la existencia de corrupción y clientelismo, dice que son “insinuaciones malsanas”, intenta explicar la actitud de Petro a partir de la amargura y el despecho. La dama es acompañada en sus apreciaciones por el sinuoso senador Robledo compañero suyo del Moir, una de las fracciones más retardatarias, obscurantistas y oportunistas que tiene la izquierda colombiana. El sector que en términos proporcionales más ha mamado en la gran teta de la burocracia distrital. La actitud de la U en los episodios es también digna de censura. Contra las advertencias del hoy presidente Santos, continuaron apoyando al alcalde Moreno hasta convertirse en sus cómplices necesario dentro del Concejo. Ahora pretenden retirar el apoyo al burgomaestre, pero algunos concejales del Partido han anticipado que seguirán el contubernio. Esta circunstancia, sin embargo, ofrece a Juan Lozano la oportunidad de limpiar su colectividad. Para ello debe notificar a los rebeldes que el apartarse de la directriz emitida les implicará la expulsión, sin más, del partido de gobierno.

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