¿Constituyente o Congresito?

Agosto 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

La semana anterior se realizó en la Cámara de Representantes el esperado debate sobre crisis de la salud. Según informaciones de prensa, la sesión debió levantarse prontamente porque los integrantes de la Corporación fueron desertando y al final solo quedaban once. El ausentismo es una de las tantas falencias del Congreso de la República, que convierten a ese organismo en objeto de crítica y rechazo. Aunque es bueno aclararlo, no todos los parlamentarios proceden de igual manera. Unos cuantos se distinguen por su dedicación y su independencia, como aquellos senadores que salieron a defender los cientos de miles de empleos vinculados al agro vallecaucano.Si se revisan los ordenes del día de las cámaras legislativas podrá verse que buena parte de su tiempo es dedicado a proyectos de ley baladíes, referidos a conmemoraciones y homenajes, no así a los debates de control político, ni al trámite de leyes sustantivas. El resultado de esa abulia es un país incapaz de gestar soluciones verdaderas, en el cual la justicia está inundada de venalidad; la salud de los ciudadanos, el saneamiento básico, la nutrición de los niños, se quedan en buenas intenciones, y parte importante de los recursos asignados para esos fines va a contratistas que actúan de gancho con la politiquería.Aunque no se lo mencione, las muertes generadas por esa politiquería corrupta superan en número a las producidas por la guerrilla. Pero tales andanzas criminales son ignoradas por los grandes medios de comunicación, porque las noticias sin sangre dan poco rating.Aspectos cruciales de la agenda nacional permanecen congelados. Así nuestro Congreso ha sido incapaz de emitir normas que racionalicen el tamaño y funcionamiento del poder central. La mayoría de los padres de la patria se sienten cómodos con esa situación absurda en la cual poder y recursos están concentrados: en general los asuntos son resueltos por instancias bogotanas, que se apoyan en la zurrapa politiquera de las regiones. Tampoco hay remedios ciertos de origen legislativo en temas como el ordenamiento territorial, la cuestión agraria, la reforma pensional, las medidas concretas para afrontar la apertura y hacer competitiva nuestra industria.Colombia se volvió una torre de babel anárquica, peligrosa, ingobernable. Ni siquiera logramos ocupar el territorio. Cuando lo hace la Fuerza Pública en las operaciones militares con ella no llega el Estado, ni los servicios esenciales implorados por los habitantes. Al retirarse el Ejército y la Policía el vacío se llena por la subversión o las bandas criminales. Bajo estas circunstancias, ¿cómo puede pretenderse que la paz sea sostenible tras la firma del armisticio?Mal podría imputarse la situación descrita al actual Gobierno, pero el presidente Santos tiene la obligación de propiciar las reformas estructurales requeridas. Superar el conflicto es mucho más que dar participación a los subversivos, establecer la justicia transicional y crear comisiones de la verdad. El fondo es que las instituciones de Colombia tienen que ser transformadas, y el camino es el de una Constituyente donde el país en su conjunto se exprese. Esa tarea no puede estar relegada a unos parlamentarios de dudosa eficacia, atrincherados en aquel esperpento constitucional llamado “congresito”.

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